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Olímpicos a lo chino.

El chino común, el chino de calle, no sabe exactamente qué son los juegos olímpicos y éstos no tienen significado alguno en sus vidas diarias

 

El Economista.
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La perfección no es como la pintan.

La llegada de los Juegos Olímpicos a la tierra del dragón no fue tan placentera para sus habitantes, quienes fueron educados para "comportarse" y dar una buena imagen al mundo occidental.

Con sólo ver la cara de los chinos en la televisión se puede entender lo que está pasando en China con los Juegos Olímpicos. Son rostros de espanto y de indiferencia.

La razón es simple: el chino común, el chino de calle, no sabe exactamente qué son los juegos olímpicos y éstos no tienen significado alguno en sus vidas diarias.

Recuerde usted que hasta hace 10 años los chinos estaban completamente aislados del mundo, lejos de la mirada de CNN, encerrados en guardillas, produciendo baratijas de todo tipo con las cuales han logrado desequilibrar la economía global.

Para los Juegos Olímpicos, los chinos recibieron cursos intensivos de occidentalismo, por llamarle de algún modo. Por ejemplo, en los últimos cuatro años, cientos de habitantes de la ciudad de Beijing tomaron clases de inglés para recibir a los visitantes y periodistas.

Pero no vaya usted a creer que son clases como las de Quick Learning, en realidad fueron clases donde se enseñaba a los chinos frases precisas como "Somos afortunados por tener los Juegos Olímpicos", "los Juegos Olímpicos son importantes para todos nosotros", etcétera.

Los chinos tuvieron que aprender a comportarse en público; entre otras cosas, está prohibido escupir en el suelo, costumbre que han mantenido durante milenios.

Los chinos escupen en cualquier lugar, incluidos los restaurantes de lujo o dentro de las viviendas. Para evitarlo, se encuentran miles de voluntarios en la también llamada ciudad de Beijing, un ejército de jóvenes comunistas que cuidan los modales y las buenas maneras de sus compatriotas.

Los chinos de Beijing, por lo menos, deben lavarse los dientes dos veces a la semana, y están obligados a hacer fila para todo, como subir al autobús o tomar el metro, lo cual no están acostumbrados a hacer.

Para los 1,300 millones de chinos comunes, sobre todo al interior del país, los Juegos Olímpicos implican ciertos cambios y sacrificios, pero no beneficios; en general, están más preocupados por cosas más elementales de su vida que en los Juegos Olímpicos, como pagar el alquiler del mes próximo.

Las Olimpiadas de Beijing, que son las más cuestionadas de la historia (por ser organizadas por un régimen comunista y autoritario), tienen un propósito claramente político, que es insertarse en el panorama internacional como la próxima potencia del mundo y si para ello es necesario sacrificar al chino promedio, se sacrifica.

Con sólo ver la belleza y perfección de las coreografías hechas en la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Beijing, una de las más bellas, se puede entender la manera de pensar de los chinos: ellos son como hormigas, en conjunto son una máquina perfecta, en lo individual son menos que nada.

 

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