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Una Ministra con pantalones

La presencia de Carme Chacón, en su primera Pascua Militar como titular del Ministerio de Defensa, sorprendió a toda España

 

Diario El Día.

Una Ministra con pantalones
Pantalones Carme Chacón.

Carme Chacón en pantalones

La Ministra de Defensa luce un conjunto con pantalones el día de la Pascua Militar

No salgo de mi asombro. Hasta hoy creía que las Fuerzas Armadas eran una institución básica en nuestro Estado de Derecho y que su vinculación con la nación a la que representan les otorgaban un papel importante en el protocolo y el ceremonial de Estado. También, hasta hoy, consideraba la Pascua Militar como una ceremonia solemne de carácter nacional, dotada de especial relevancia y significación para las Fuerzas Armadas, y que fue instaurada por el rey Carlos III, en 1782, para celebrar la recuperación de Menorca, isla que estuvo en poder de los ingleses desde la firma del Tratado de Utrech, punto final de la Guerra de Sucesión.

El escenario elegido para esa primera vez fue el Real Sitio de Aranjuez, donde se recibió con todos los honores al duque de Crillón, a la sazón el jefe de las tropas que intervinieron en el asalto al último bastión, el castillo de San Felipe, y en el que se otorgaron ascensos, títulos y condecoraciones. La celebración se olvida por vicisitudes nacionales en el siglo XIX y principios del XX y se recupera al final de la Guerra Civil, si bien sería S.M. el rey don Juan Carlos I quien le imprime el actual significado. Al Palacio Real de Oriente acuden cada 6 de enero el Rey, la Familia Real, el presidente del Gobierno, ministros, autoridades civiles y representantes de todos los Ejércitos y de la Guardia Civil, de la Asamblea de las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo y de las hermandades de retirados.

Digo hasta hoy, ya que la presencia de Carme Chacón, en su primera Pascua Militar como titular del Ministerio de Defensa, sorprendió a toda España. La ministra se atrevió a pisar el salón del Trono del Palacio Real de Oriente enfundada en unos pantalones arrugados y no con falda larga, que es lo que marca el protocolo para las damas, aunque se trate de un acto castrense solemne y de mañana. Lucía un juvenil traje de pantalón y chaqueta de talle bajo y pata ancha, que no esmoquin, como ha querido matizar el departamento de Defensa al asegurar que la indumentaria de doña Carme "se ajustaba perfectamente a la etiqueta requerida ya que se trataba de un esmoquin femenino y que éste puede reemplazar al traje largo". Cierto, pero este traje pantalón era con un estilo años sesenta, conjuntado con una camisa divertida y cinturón de hebilla plateada que poco tenía que ver con la prenda masculina que Yves Saint-Laurent feminizara en 1966. Hubiese sido preferible que, en vez de su versión libre del esmoquin, se hubiese puesto una de un chaqué, obligado para los civiles en este tipo de ceremonia, o tal vez, algo de aspecto más militar para ir acorde con aquellos a quien dirige.

La ministra se ha desmarcado de las normas de protocolo, se considera por encima de toda regla, ignora la importancia de la convocatoria y ha hecho gala de un pésimo gusto, por no decir pésima educación, al saltarse la tradición a la torera y enfundarse un traje inadecuado habida cuenta que la invitación reza "vestido largo" y se sabe que la Reina Sofía, dueña de la casa, va a llevarlo. Así puede ir a una entrega de premios u a otro sarao de diferente naturaleza, pero no a la Pascua Militar, donde su vestimenta chocaba frontalmente con la indumentaria del resto de invitados, entre ellos, los Príncipes de Asturias y el propio presidente del Gobierno.

El rey don Juan Carlos vistió el uniforme de gala de capitán general de Tierra, el príncipe Felipe lució el traje de gala de capitán de corbeta de la Armada y, tanto la Reina Sofía como su nuera, faldas largas. El resto de invitados uniforme de gala o chaqué. Todos menos la Sra. Chacón cumplieron con el protocolo, ya que la ministra parece confundir el carácter y la firmeza de convicciones con la mala educación.

Se debe pedir a quien representa al Ministerio de Defensa que respete las normas, al igual que se le exige a todos los militares, ya que la disciplina es un pilar fundamental de los Ejércitos y ella es la primera que debe predicar perdón y dar ejemplo. A cualquier militar se le exige observar la correcta uniformidad y de no hacerlo pueden tener consecuencias disciplinarias, incluso la privación de libertad. Para ir de progre y de moderna hay otros escenarios; no es lo mismo vestirse para un concierto que para un acto de tal solemnidad, máxime cuando de antemano se sabe que forma parte del desarrollo protocolario de la ceremonia.

Vestida de esa guisa, inapropiada en otras palabras, hizo que su discurso -centrado en las misiones de paz del Ejército y el compromiso de éste con la igualdad de géneros-, por inteligente que fuera, quedara diluido, envuelto en las brumas de un look que han defendido sus compañeras Leire Pajín y Bibiana Aído, entre otras, asegurando que si hubiera sido un hombre no se habría levantado tanta polémica. Que no se confundan.

La buena gestión no tiene nada que ver con el sexo y la mala educación es patrimonio de unos y de otros. ¿O es que creen que si Rubalcaba o Moratinos hubieran ido con un espléndido traje de Armani, blanco, la prensa no lo hubiera reseñado? Y no me vale el pretexto de que "se consultó con Protocolo de la Casa Real", pues indica que tenía dudas sobre la conveniencia o no de llevar el traje de marras. Como ministra, independientemente de su género, tiene que saber cumplir con su cometido. ¿A qué viene, entonces, esta actitud transgresora? Al deseo de pasar inadvertida desde luego que no.

Además de inapropiada y provocadora con las formas, la Sra. Chacón ha sido irrespetuosa con el ceremonial, el protocolo y la simbología que las Fuerzas Armadas observan con todo rigor, fiel testimonio de los valores y principios que orientan la vida militar. ¿Qué estarán pensando los garantes de la integridad territorial del Estado de esta payasada?

 

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