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Cómo comportarse en el mundial.

Las autoridades policiales ya saben a estas horas que los Mundiales van a traer a una legión de carteristas...

 

Revista Triunfo. 1982.

Estadio The National Hockey, Milton Keynes Dons v Blackpool.
Estadio football. Estadio The National Hockey, Milton Keynes Dons v Blackpool.

Cómo comportarse en el mundial

He leído en alguna parte que el gobierno de Kuwait pidió extraoficialmente al ayuntamiento de Valladolid que fuese preparando 10.000 prostitutas para atender a los 10.000 aficionados que se trasladarán a la ciudad castellana con motivo de los encuentros que va a celebrar allí la selección de su país. El alcalde socialista de la ciudad, González Bolaños "filtró" como quien no quiere la cosa la noticia en una comida con periodistas, y la cosa produjo el revuelo consiguiente. Parece que a los kuwaitíes, que se estrenan ante la opinión pública mundial como estrella futbolística del mundo árabe, les interesa poco la ingeniería barroca del Museo de Escultura y exigen que la ciudad donde ellos van a jugar esté dotada de las mínimas "comodidades".

Un alcalde, y menos si es socialista, no puede, naturalmente, organizar semejante infraestructura solo para complacer las exigencias de un gobierno con petrodólares. Lo que uno se pregunta es cuál va a ser el impacto que sobre Pucela, nombre familiar de Valladolid en Castilla, va a tener la presencia de los diez mil jeques cuya demanda parece haber quedado insatisfecha. No hay duda que, a estas horas, la llegada de los kuwaitíes ha sembrado ya el pánico entre las "señoritas de Valladolid" y entre sus padres, hermanos y novios si es que estas figuras representan aún lo que solían representar en las comedias costumbristas.

Este de los kuwaitíes es el caso más llamativo del impacto mundialista sobre las ciudades españolas. Pero no es el único. La presencia de tifosi italianos, de hooligans ingleses, galeses o escoceses y de forofos de todo el mundo va a hacer que las mujeres españolas, que habían conseguido ya cierta libertas de movimientos, recuperen el viejo hábito de estar en casa a las nueve como si volviera a mandárselo su padre, personaje en desuso en los últimos años. Así, el Mundial va a significar cierto retroceso en la moral pública del país, de manera que los visitantes extranjeros se convenzan de que la Carmen de España no es desde luego la de Merimée.

Pero, hay más. Las autoridades policiales ya saben a estas horas que los Mundiales van a traer a una legión de carteristas, proxenetas, prostitutas -no sé quien fue la autoridad que tuvo la pronto abandonada idea de importar un barco de deslumbrantes brasileñas tocadas con sombreros de plumas- y otras gentes que, reforzando a sus colegas nacionales, impondrán su ley en semanas y harán brillar de nuevo por contraste la decencia y honradez proverbiales. Súmese a esto la presencia de incontrolados y ruidosos forofos extranjeros dispuestos a romper todo lo que encuentren a su paso, que puede contribuir no poco a superar el complejo de rudeza español mediante la contemplación de la rudeza foránea con la vieja filosofía de que en todas partes cuecen habas.

La palabra "venta", en sus acepciones de marketing resume muy bien los diversos contenidos de la operación mundialista. Es un acontecimiento que va a ser visto por televisión por unos mil millones de personas en todo el mundo; hay, ante todo, una operación de "venta" de imagen. Se trata de "vender España"; no de "vender a España" como en los viejos relatos de traición pero sin vender todo lo que se ponga a mano y no solamente insignias, banderitas, medallas y otros souvenirs para la fabricación de los cuales trabaja la industria desde hace meses. Y de vender también la imagen de un país turístico, hospitalario, divertido, soleado y con virtudes que hagan exclamar a los visitantes a ritmo de pasodoble que "como en España ni hablar".

 

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