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Ceremonial marítimo. Tradición y cortesía

Es preciso que existan lenguajes y estilos mutuamente compatibles y comprensibles y unas normas de comportamiento que no choquen entre sí

 

Felipe VI entrega de Reales Despachos en la Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra
entrega de Reales Despachos en la Escuela Naval Militar. Felipe VI entrega de Reales Despachos en la Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra

Armada Española. Tradición y cortesía

La actividad operativa de la Armada transcurre normalmente más allá del territorio nacional, en contacto amistoso o violento con otras Marinas o con otras personas e instituciones de otras naciones.

Para que sea posible el contacto amistoso es preciso que existan lenguajes y estilos mutuamente compatibles y comprensibles y unas normas de comportamiento que no choquen entre sí. Tales normas de comportamiento pueden resultar también extrañas y anticuadas en otros ambientes, como pueden parecer también extrañas y anticuadas muchas costumbres diplomáticas nacidas de la necesidad de entenderse en las cancillerías y asambleas de la política internacional, aunque nadie podrá negar lo inevitable de su existencia y su indudable utilidad.

Sin renunciar a sus castizas características y peculiaridades nacionales, las Marinas emplean expresiones comunes, no solamente en las comunicaciones, las tácticas o las denominaciones del material, sino también en las expresiones de cortesía, ingrediente indispensable en las relaciones externas tanto de la Armada como institución, como de sus individuos como personas.

En tiempos pretéritos, más rudos y prepotentes, las expresiones de cortesía eran algo exigible por el más poderoso como demostración de pleitesía del más débil. Desde entonces han transcurrido varios siglos y, al irse dulcificando, las costumbres se han transformado en una demostración espontánea de mutuo respeto, amistad o consideración que deben extenderse incluso al enemigo.

Pero, en cualquier caso, tienen formas profundamente arraigadas y constituyen una venerada tradición.

En una palabra, la cortesía naval es una tradición de la Armada y, como tal, merece ser mantenida.

Felipe VI recibe Honores de Ordenanza antes del comienzo de los actos. Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra
Saludos escuela naval de Marín, Pontevedra. Felipe VI recibe Honores de Ordenanza antes del comienzo de los actos. Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra

La cortesía tradicional no admite ser confundida con los rígidos artículos de un código o con las reglas de un manual de buena educación porque resultaría fría, burocrática, sin gusto ni belleza, algo para "cubrir el expediente". Por el contrario, debemos darle tratamiento artístico para conseguir una presentación favorable y atractiva que facilite las relaciones posteriores.

Y no sólo con los amigos, sino que hay que extenderla también al enemigo: nuestro deber es infligirle el mayor daño posible, pero nunca atentar a su dignidad. Debe ser la expresión de la caballerosidad y de la hidalguía que el hombre de mar bien nacido ha de llevar dentro.

En todo caso y en todo momento hemos de ser capaces de juzgar lo que es adecuado y conveniente, de acuerdo con los usos y costumbres establecidos, y cuando no dispongamos de normas o precedentes proceder con gracia, oportunidad y discreción, conforme a lo tradicional no escrito.

Lo tradicional no escrito es el fundamento de todas las demostraciones de cortesía. Es algo que se infunde insensiblemente en nuestra personalidad por la educación y por la cultura. Y no olvidemos que cultura es "lo que queda después de olvidar lo aprendido". La verdadera tradición se transmite de palabra y por el ejemplo y experiencia de nuestros mayores, lo que permite que, sin perder su esencia, al no someterse a códigos escritos, vaya adaptándose a los tiempos nuevos conservando ese algo indefinible llamado estilo.

Ceremonias y saludos son la expresión externa de la cortesía corporativa. No son manifestaciones de respeto o de aprecio de un individuo en particular -en cuyo caso podrían ser tan variadas e inesperadas como es el carácter de cada persona-, sino actos públicos de las instituciones que deben expresar una actitud colectiva y ser ejecutadas de manera similar en todas las ocasiones y por todos los participantes.

Para regularlas están los reglamentos y ordenanzas que disponen lo que corresponde a ciertas circunstancias precisas; pero todos sabemos que muchas veces, al enfrentarnos con un acto concreto, no se puede encontrar el precepto matemáticamente adecuado para él.

Es por ello probable que cada ceremonia o saludo determinado exija por parte del ejecutante la adaptación de lo preceptivo, y éste, para actuar conforme a la tradición y las buenas maneras, deberá innovar recurriendo a su experiencia y buen criterio.

Para ser una guía útil, en tales casos se describirán a continuación una serie de usos y costumbres ceremoniales, sentando con la mayor amplitud y flexibilidad posibles criterios orientativos sobre su significado y finalidad.

Para ello se revisarán las conductas individuales y las actuaciones colectivas: primero, en los actos diarios e internos de la vida a bordo; segundo, en la forma correcta de practicar los diversos saludos; tercero, en las ceremonias cotidianas que tienen lugar en un buque; cuarto, en el ceremonial en los botes, y finalmente, en las grandes ceremonias extraordinarias y acontecimientos festivos.

 

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