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Tú y usted. II

Hoy no se encontraría apenas un hijo que diese a su padre o madre el tratamiento de usted, y menos quien les llamara "señor" o "señora"

 

Revista triunfo. 1981.

Saludos del profesor felicitando a una alumna.
Saludos. Saludos del profesor felicitando a una alumna.

Una cuestión de respeto: de usted o de tú

Los tratamientos de tú y usted en la vida cotidiana

Hoy no se encontraría apenas un hijo que diese a su padre o madre el tratamiento de usted, y menos quien les llamara "señor" o "señora", como antes se solía hacer, bien que los antropólogos podían aún ilustrar en apartados pueblos la pervivencia de tan respetuosos tratamientos. Desde la hirsuta entrada de "penenes" en la enseñanza, se ha generalizado también el tuteo entre profesores y alumnos, incluso cuando estos alumnos no han traspasado aún o acaban de traspasar la divisoria entre EGB y BUP. Desde que los curas "modernos" tuvieron la ocurrencia de arremangarse la sotana para jugar al fútbol con los muchachos, al cura se le llama hoy de tú sin que esto signifique una demostración de falta de respeto. En la prensa, en las profesiones liberal que hoy los curas ejercen, además de la suya, en las comunidades cristianas el tuteo está garantizado.

Dentro de cada profesión o estamento social reina universalmente el tú en las relaciones interpersonales. Ni siquiera profesiones muy jerarquizadas son excepción en esto. Entre los militares, por ejemplo, solo las diferencias entre los oficiales y jefes por un lado y suboficiales por otro puede hacer imposible el tú entra ambas clases. Fuera de servicio, el tú es posible entre las distintas graduaciones sin implicar desdoro ni falta de respeto. Entre los miembros de la clase médica, "eminencias" aparte, se ha generalizado de tal modo el tuteo que ha llegado saltar incluso la barrera de los enfermeros y otros auxiliares. No se concibe, apenas, que dos abogados se llamen de usted, salvo por costumbres de antigua urbanidad.

En la prensa, no solo es general el abandono del usted, sino que este tratamiento es ya imposible y sería incluso considerado descortés. Hay veces que el usted puede ser ofensivo por discriminatorio teniendo en cuenta el imperio del tú. Me contaron, por ejemplo, la anécdota de que en una compañía de actores, a la única persona a quien se llamaba de usted era a un actor enano quien, unos días después de incorporarse a la compañía rogó a los demás que no le hicieran objeto de aquel trato.

Hoy el usted queda reservado en la práctica a algunas personas de edad que no se han dado cuenta lo mucho que en España "rejuvenece" el tratamiento, a los extranjeros que se sorprenden de ser tuteados y a los desconocidos con quienes uno habla en la calle. Por lo demás, el tratamiento de usted se reserva a los inferiores, o los superiores "a la antigua". Y esto tiene también excepciones. Entre los más jóvenes se emplea siempre y en cualquier situación el tú. Y los jóvenes más independizados de la vieja urbanidad tutean a todo el mundo o eluden el empleo del tratamiento. Hay tiendas, especializadas en moda joven o regalo "in", donde los empleados tratan de tú a todo el que entra, sea de la edad que sea. Es el "sello" de la casa. Llamar de tú al camarero es una costumbre de señorito, pero hoy no es raro ver al camarero tratando de tú al cliente.

Hoy se tutea hasta al vecino con quien se encuentra uno en el ascensor. Hoy el obrero tutea al capataz, el capataz al ingeniero, el empleado al patrón, la secretaria la jefe, el discípulo al anciano maestro, la mujer al hombre, cualquier que sea su edad, el hombre a la mujer, cualquiera que sea su condición. Aún quedan muchos españoles que no saben que es el tú, y no el usted, lo que se estila, que no tienen ni pueden tener acceso al tratamiento que, hoy, al revés de los que antes sucedía, enaltece en vez de humillar a las personas. Son la reserva municipal de la vieja urbanidad estos que aún no saben hasta qué punto puede ser insultante el usted y para si lo reclaman.

He conocido un gerente de empresa periodística que se disgustó gravemente con un colaborador porque éste le escribió en una ocasión una carta llamándole de usted. ¡Le hizo retirar la colaboración! Si antes pudo ser insultante el tuteo, y aún se les aplica a veces despreciativamente a los delincuentes, hoy es el "usted" intencionado el mayor de los improperios.

Sutil ciencia esta del tú y el usted, con las tres variantes del tuteo democrático, monárquico e imperial que se entrecruzan caprichosamente formando el complicado arabesco de los tratamientos. Y tan universal se ha hecho esa suma de tuteos que empieza a haber ya entre nosotros personas nostálgicas del usted. Entre los periodistas de las Cortes, por ejemplo, hay quienes propugnan crear un "club de usted" para independizar a la prensa de las servidumbres de una excesiva confianza por parte de los políticos.

Y en las relaciones personales, hay exquisitos que están ya de vuelta y que, golosos de la urbanidad, empiezan a recomendar el uso del usted para la amistad, para el inicio de una relación sentimental. Tal como están las cosa -¡oh, tiempos, oh, costumbres!- ¡el usted puede llegar a ser tan íntimo...!

 

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