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Obligaciones negativas. A nadie debe ofenderse en su persona.

  • Ofendemos a otro, en la persona matándole, hiriéndole, maltratándole, tratádole con desprecio o insolencia, molestándole o inquietándole de cualquier manera.

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Autor y Fuente

  • Autor

    Juan de Escoiquiz, Canónigo de Zaragoza y Sumiller de cortina de S.M.

  • Fuente

    Tratado de la obligaciones del hombre. 1821.

 

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    Artículos HistóricosAviso: Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia, para conocer la historia y evolución de la sociedad y sus normas. Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte estas ideas u opiniones, que se publican, únicamente, a título informativo.

Obligaciones para con los demás.

Tenemos para con los otros algunas obligaciones, que son generales  y comunes para todos, y otras respectivas a cada uno en particular.

Obligaciones generales.

Nuestras obligaciones generales para con todos los hombres se encierran en estos dos preceptos, no hacer a otro lo que no queramos que se nos haga a nosotros, y hacer con los otros lo que queremos que se haga con nosotros mismos. El primero de ellos contiene las obligaciones que se llaman negativas o de rigurosa justicia. El segundo, las obligaciones positivas o de beneficencia.

Obligaciones negativas.

Estas obligaciones se reducen a abstenernos de ofender a otro en manera alguna.

Podemos ofender a otro de tres modos, en la persona, en la hacienda, o en la honra.

A nadie debe ofenderse en su persona.

Ofendemos a otro, en la persona matándole, hiriéndole, maltratándole, tratándole con desprecio o insolencia, molestándole o inquietándole de cualquier manera.

Debemos pues abstenernos de todas estas ofensas, no haciendo a los demás   cosa que les incomode.

Los niños acostumbran a tener el inhumano gusto de hacer aposta mil burlas a sus compañeros, de provocarlos a reñir, de decirles injurias, de escarnecerlos o mofarlos, o de hacerlos irritar de otros muchos modos, principalmente cuando los tienen por más débiles que ellos, y no temen que puedan vengarse.

¿Y qué gusto sacaremos de injuriar y despreciar a los otros? Ciertamente no puede haber otro más indigno y vergonzoso. Además, es un gusto peligroso, y que muchas veces acarrea los mayores daños. Sabido es aquel proverbio, que el que la hace la paga; y por consiguiente el que hace mal al prójimo, debe siempre recelar que este haga otro tanto con él.

"El perdonar las ofensas, y el procurar hacer bien al mismo que nos ha ofendido, es la acción más noble y generosa que pueda darse"

Ni debe fiarse en que sea más débil; porque aun el que tiene menos fuerzas, cuando se ve provocado, halla un medio u otro de vengarse.

Guardémonos pues de hacer mal a persona alguna por ningún término , sea más fuerte o más débil que nosotros.

Ni debemos tampoco alegrarnos de que otros lo hagan. Suele ser defecto muy común en los niños el de reír y holgarse cuando ven que alguno injuria y trata con insolencia a otro. Lejos de semejante inhumanidad, debemos compadecernos de él, y procurar impedir que se le ofenda.

¿Y si alguno nos hace algún mal, podremos vengarnos? De ningún modo. Podemos sí defendernos,  e impedir que se nos haga; pero después de sucedido, o debemos perdonarlo generosamente, y esto es lo mejor, o debemos recurrir a quien pueda hacernos justicia y no hacérnosla por nuestra mano.

El perdonar las ofensas, y el procurar hacer bien al mismo que nos ha ofendido, es la acción más noble y generosa que pueda darse. Por lo tanto un buen padre que había prometido una preciosa sortija a cualquiera de sus tres hijos que hiciese la acción más laudable, justísimamente la dio al que había librado del peligro a su mismo enemigo.

Al contrario el vengarse es la cosa, más abominable y bestial. Es propio de las fieras el volverse, y morder inmediatamente al que las ofende. Y muchas veces sucede que resulta de la venganza  mayor daño al que la ejecuta.
 

  • Alta el

    03/05/2010

    Modificado el

    05/05/2010

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