Autor
Madame Celnart. 1.854.
Fuente
Nuevo Manual de la Buena Sociedad o Guía de la Urbanidad y de la Buena Educación.
Hacer una pantomima a cada palabra que se pronuncia es una cosa casi intolerable. Los grandes o multiplicados gestos que no están en armonía con el discurso; los signos misteriosos para enunciar la idea más sencilla; los gestos bruscos en una conversación amistosa; los movimientos rápidos en una persona bien esté sentada o en pie, a manera de los giros de un baile, son a la vez graves faltas contra la razón y el buen gusto.
No es esto decir que queramos proscribir los gestos o acciones que como dice el poeta Debille "dan fisonomía al discurso". Los gestos moderados en unión con las palabras y a la vez dulcemente cómicos, espirituales y graciosos, son permitidos y aún indispensables. La mano izquierda puede no moverse, pero jamás debe fallar a la conversación la cooperación inteligente y regulada de la mano derecha, y es muy ridículo ver que mientras hablan algunos conservan sus manos metidas en los bolsillos o cruzadas sin imprimirles ningún movimiento. Estos se parecen a los autómatas, como los gesticuladores se asemejan a energúmenos.
Las personas que al hablar se apoyan fuertemente sobre el brazo de su sillón o butaca, que juegan con los objetos que tienen a la mano, que se distraen rayando los muebles, dan mil vueltas a su sombrero, juegan con los pañuelos o hacen cosas parecidas, ignoran que opuestas son a las prescripciones de la buena educación estas muestras de familiaridad y puerilidad.
Añadiremos de paso, que los testigos de estos actos ridículos, deben evitar el dar a conocer que se han apercibido de estas faltas, y mucho menos reírse y hablar por lo bajo.
Los hábitos o costumbres.
En la intimidad de la familia se permiten, lo general de las personas, una multitud de licencias que llevadas luego a la sociedad por la fuerza del hábito, revelan una mala educación; así quitarse un guante en visita y distraerse en estirarle; levantar el vestido por la parte anterior por preservarle de un fuego o calor demasiado vivo, o bien sacar el pañuelo con el mismo objeto; manifestar enfado o mal humor; jugar mientras se habla con los niños o los animales; apoyar la cabeza contra la chimenea, menear el fuego o introducir carbón con frecuencia, referir con pesadez algunas ligeras indisposiciones que se padezcan; quejarse frecuentemente de la temperatura repitiendo según la estación; ¡Qué calor hace! ¡qué frío tan crudo! son defectos que no recomiendan nada a las personas.
Alta el
26/04/2008
Modificado el
16/06/2009
Contenido ID
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