
Empieza su jornada laboral y tiene que ir a su trabajo en un transporte público, como el autobús o el metro. ¿A quién no le han empujado en uno de estos transportes? Poca gente puede decir que nunca ha recibido un simple empujón. Pero, ¿cuántas personas han recibido algún tipo de disculpa? Seguramente que pocas, muy pocas. Es habitual considerar como "daños colaterales" este tipo de incidencias, cuando se habla de aglomeraciones y de prisas.
No solo camino del trabajo ocurren cosas como estas. Está paseando por la calle y una persona, cargada de bolsas y paquetes le golpea con las bolsas. Y sigue caminando, como si tal cosa. Ni un perdone, lo siento ... ni nada por el estilo. Si ambos iban de forma correcta por su camino, este comportamiento le produce una cierta perplejidad.
¿Usted hace la compra? A quien no le han "atropellado" con el carrito de la compra en un supermercado o hipermercado, y han mirado hacia otro lado, como si no fuera con ellos, sembrando la duda en usted de si se habrá enterado o no que le ha fastidiado el talón de su pie con su carrito.
Aún hay más. Ese paraguas abierto a destiempo que le golpea en todas las narices, o esa puerta del automóvil que se abre de forma repentina justo a su paso, golpeándole de forma violenta. Y ¿piden disculpas? En muchos casos no. La persona que le abrió el paraguas en las narices, acelera el paso para perderle pronto de vista. Quien le golpeó con la puerta del auto, cerró y esperó a que se fuera.
No hay porque exagerar, ni generalizar, puesto que aun hay muchas personas educadas; pero hay un alarmante incremento de gente que no utiliza, o sabe utilizar, una disculpa ante situaciones como las relatadas anteriormente. Deben pensar que son "percances" que no necesitan de una disculpa, puesto que son el pan nuestro de cada día en las grandes ciudades, en las aglomeraciones y en la apresurada vida actual de muchas personas. No es la primera vez que alguien se justifica: "Si tuviera que pedir una disculpa cada vez que tropiezo con alguien en el metro, llegaría afónico a casa".
Una disculpa debe darse en cualquiera de las situaciones antes mencionadas, y en otras muchas, incluso, cuando uno tiene la razón. Cuando se trata de personas mayores, por ejemplo, usted mismo puede asumir la culpa de un tropiezo fortuito o de un pequeño empujón, aunque haya sido la otra persona la causante de tal situación. Hay que tratar de ser comprensivos con las personas y las situaciones; pero también hacer valer sus derechos en otras muchas ocasiones. Hay que empezar a enseñar, desde pequeños, expresiones tales como: "lo siento, no le había visto", "perdone, le golpeé sin querer", "disculpe, abrí la puerta sin mirar", etc.
Alta el
09/04/2008
Modificado el
13/06/2009
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