Protocolo y Etiqueta 2.0Logo Navidad.. Logo Navida difu.




-

-

Así se educa a una Princesa.

  • Las princesas del pueblo necesitan aprender de todo para ejercer su papel con la mayor profesionalidad posible.

Herramientas

Reproductor VOZ

  • VOZ Voz 

Participa


  • Cerrar

Autor y Fuente

  • Autor

    Yolanda Veiga.

  • Fuente

    Diario El Correo - elcorreo.com.

 

Compartir

  • technorati

  • Facebook

  • meneame

  • wikio

Cómo educar a una Princesa del pueblo.

Protocolo, historia, idiomas... y hasta cursos de psicología para sobrellevar el peso de la fama. Uno de los principales asesores de Tony Blair tiene la misión de instruir a la futura esposa de Guillermo de Gales.

Lleva años viendo vídeos de Lady Di para aprender a comportarse. Las plebeyas como Kate Middleton tienen que someterse a una exigente preparación antes de ser coronadas princesas.

Las princesas de los cuentos únicamente tenían que esperar a ser desposadas por el príncipe. Como éramos niños, solo nos contaban lo bueno, que vivían en palacios, que alumbraban niños rubísimos y que el pueblo entero besaba el suelo que pisaban. En la realidad tampoco parece que el cuento tenga mal final. Los reyes de carne y hueso también viven en palacios y la gente que sale a recibirles en pueblos y ciudades parece quererles -obviamente muchos se quedan en casa-. Los que han nacido en cuna real mamaron esta vida de boato y, salvo excepciones, han asumido que la suya está destinada a ser una existencia distinta. Con sus privilegios, pero también con multitud de obligaciones.

El próximo viernes Kate (Catalina) Middleton (Reading, 29 años) se casará con el príncipe Guillermo (28) después de ocho años de noviazgo y una ruptura de tres meses. Ingresará oficialmente en la familia real británica, pero ella no nació con sangre azul. Como nuestra Princesa de Asturias, es plebeya, de una familia pudiente pero plebeya. A ninguna de las dos le enseñaron de cría a hacer la genuflexión, pero ahora se inclinan con una naturalidad mecánica. Y se hacen llamar Alteza. Lo de Kate y Letizia se acabó. Si acaso en privado, ese ámbito que para ellas casi ha dejado de existir.

Kate Middleton, Letizia Ortiz, Máxima de Holanda, Mary de Dinamarca o Mette Marit de Noruega hubieran agradecido un 'manual para princesas', aunque fuese la versión abreviada. Pero no existe. Sí un listado de buenas prácticas que han tenido que aprender sobre la marcha. Un aprendizaje tutelado por los mejores especialistas. David Manning (61 años), ex-embajador inglés en EE UU durante la guerra de Irak y el más importante asesor internacional de Tony Blair, es desde hace meses la sombra de Kate, a quien instruye en historia, buenas maneras e incluso prepara psicológicamente para prevenir una depresión.

La futura esposa del príncipe Guillermo sabe que los tabloides destacarán con grandes titulares cada fallo, cada gesto inconveniente y cada palabra de más. José Carlos San Juan Monforte, 17 años desempeñando trabajos de Protocolo en La Zarzuela, y Carlos Redondo, responsable de la web protocolo.org, nos cuentan ahora la otra parte del cuento, la que se saltaban los libros infantiles. Esa que habla de las obligaciones.

Lección número 1. Codos fuera y a sorbitos.

Coman perdices o el mejor caviar del planeta, tendrán que guardar unas escrupulosas formas en la mesa. Dicen los expertos que ese «es el primer examen» y «ahí son muy estrictos». El protocolo a la hora de comer prohíbe apoyar los codos sobre el mantel -si acaso mientras se charla, pero nunca con el plato ya en la mesa- y untar salsas con el pan. El cubierto, «cogido más bien arriba», no vayan a meter los dedos en la sopa.

"Los brindis, mirando a las personas no al suelo o bajando la cabeza"

La comida no se toca, aunque sea una de esas pizzas 'margarita' (tomate y queso) que le pirran a la futura princesa de Inglaterra y que compra en establecimientos de comida rápida por 4,75 euros. ¿Y el brindis? Sobre el discurso no hay nada escrito. Prueba de ello, el que pronunció hace unos días el Príncipe Felipe, mentando el espinoso tema de Gibraltar delante de Carlos de Inglaterra. Pero sí hay protocolo en las formas. «Mirar de frente y no levantar la copa por encima de la cabeza». Nada de tragos largos, apenas un sorbito. «El brindis generalmente lo hará él, salvo excepciones en las que la princesa sea la invitada de honor». A ellas se les exigen modales exquisitos, pero ninguna habilidad en la cocina: evidentemente, ni se acercan a los fogones.

2. ¿Qué tal los niños?

Durante un viaje oficial, el Rey Juan Carlos se indispuso y tuvo que ir al dentista. Al médico le advirtieron una y mil veces que debía dirigirse a él como Majestad y así lo hizo. Pero cuando el Rey le dio las gracias por el arreglo, se olvidó de las formalidades: 'Pues gracias a usted', soltó campechano el dentista. «Don Juan Carlos rio un buen rato el gesto espontáneo del hombre». A los príncipes hay que dirigirse con el apelativo de Alteza y a los Reyes con el de Majestad (entre ellos también se tratan así), «aunque en España se acepta señora o señor porque suena muy castizo».

La Familia Real trata a todo el mundo de usted y a los representantes institucionales los nombra por el cargo: presidente, ministro... Cuando otros monarcas y jefes de Estado les visitan en palacio salen a recibirles al coche, pero si el invitado es de menos categoría pueden esperar dentro. Para el saludo, la mano y ocasionalmente la genuflexión, pero solo con los miembros reales de mayor categoría y nunca con los políticos, como hizo Mette Marit (Noruega), que se inclinó ante Barack Obama, dando una soberana patada a los manuales de protocolo. «En alguien nueva se entiende este error, pero después de tanto tiempo...». Tras el saludo, unas palabras de cortesía en el idioma del huésped: «Preguntar por la familia, por los niños o contar alguna incidencia del viaje siempre son bocaditos apetitosos. No van a soltar de pronto: 'Véndenos petróleo'». En todo caso, tratarán de contentar al invitado: «Cuando vino a España el presidente de Irán quitaron el alcohol del menú por cortesía, se suele ceder con el que viene».

3. Piernas juntas.

Los gestos cotidianos son los más traicioneros. Algo tan natural como rascarse un poco la oreja en un acto oficial puede llegar a la portada del periódico si se trata de un picor real. «Es más fácil fallar en un detalle que en una reverencia». Así que cualquiera que aspire a princesa deberá aguantarse los picores. Y más: «Debe salir de los vehículos oficiales siempre ladeada y con las piernas bien juntas». Una advertencia que podían haberle recordado a Kate Middleton, porque aunque en 2005 ya se matriculó en un curso de protocolo, en una fotografía realizada hace unos meses se le veían las bragas cuando bajaba del coche. «Al sentarse, una princesa lo hará erguida y sin cruzar las piernas».

Cuentan que las modelos aprenden a desfilar con un libro en la cabeza porque solo caminando muy erguida impides que se caiga. Y un aprendizaje similar dice la leyenda urbana que 'sufren' los miembros de la realeza. Quién sabe si Kate no habrá echado horas paseando así de tiesa por los pasillos del apartamento que comparte con el príncipe Guillermo en Clarence House, la residencia oficial de Carlos de Gales. De todas formas, la novia pasará la noche previa a la boda en una suite del hotel Goring, en el centro de Londres, junto a su madre y su hermana.

Más que en las formas -se le suponen a una joven de clase alta y educada en la elitista Universidad de St. Andrews-, Kate se emplea en cultivarse intelectualmente: «Lo primero que debe aprender una futura princesa es la historia de su casa real y de otras casas reales y el funcionamiento en profundidad de las instituciones públicas. También debe conocer las costumbres de los países que vaya a visitar e idiomas».

Doña Letizia, por ejemplo, se maneja bien en francés y en inglés -el profesor Michael Howitt la formó en inglés diplomático y la académica Carmen Iglesias, en historia y temas de actualidad-. «Kate Middleton probablemente no tenga la obligación de saber español, si acaso unas frases para cuando viaje a un país de habla hispana», precisan los expertos consultados por V. En un país tan chismoso como el nuestro o más, la futura esposa del príncipe Guillermo dedica sus buenas horas a saber cómo tratar con la prensa sensacionalista. Cuenta Katie Nicholl, autora del libro 'William y Harry: detrás de los muros del palacio', que hace tres años el personal de Buckingham ya comenzó a mostrarle vídeos de Diana. «En uno se veía cómo Lady Di salía de un coche y era asediada por los medios de comunicación», algo a lo que tendrá que acostumbrarse y que ya ha sufrido. En 2005 se quejó a través de su abogado del acoso de los periodistas, en 2007 hizo filmar durante varios días a los paparazzis que la importunaban y hace unas semanas su familia hizo llegar a la Comisión de quejas de la prensa su malestar por la publicación de unas fotos de la madre y de la hermana de Kate de compras por Londres -los fotógrafos las persiguieron en moto-.

4. No se manda callar.

De repente, se encontró al otro lado, de hacer preguntas a tener que responderlas. En la primera comparecencia juntos, una vez anunciado el compromiso, doña Letizia se dirigió a sus excompañeros para contarles que iba a integrarse «en una nueva vida...». Fue a interrumpirla don Felipe, pero ella atajó con un 'déjame terminar'. «No está bien visto porque ella es la consorte, pero fue algo espontáneo, natural, no fruto de la irreverencia».

Quizá no irreverente pero sí descortés dicen que resultó el comportamiento de la princesa Mette Marit de Noruega en un viaje con su entonces prometido, el príncipe Haakon. «La tripulación se dirigió a él, pero contestó ella y de malos modos». Aquí el asunto habría hecho correr ríos de tinta.

Y en algún otro sitio igual se hubiera ganado un correctivo: «En una recepción en palacio, Mary de Dinamarca se entrometió en una conversación del príncipe Federico. Días después se anunció que viajaba a Australia para visitar a sus familiares, pero dicen que realmente la mandó marcharse la reina para que meditara sobre lo que había hecho». Y bien lejos seguro que quisieron enviar alguna vez también a Lady Di, que sufrió una tremenda presión por parte de los medios -ella no tuvo tutores y nadie le enseñó cómo tratar a los periodistas- y terminó entregándose a las cámaras y contando en televisión sus desgracias de alcoba -Carlos y Diana se separaron en 1992, tras once años de infeliz matrimonio-. Entonces, sucedió el terrible accidente (1997) y Diana de Gales falleció en París cuando escapaba en coche con Dodi Al Fayed del acoso de los paparazzis. La familia real británica, lejos de dar la espalda a 'la princesa del pueblo', «aprovechó la coyuntura para salvaguardar la institución y acercarla a los ciudadanos. Isabel II salió a la calle a despedir el féretro y mandó ondear la bandera a media asta, rompiendo una tradición de siglos».

5. Las reuniones del cole.

Le salió la vena de madre. La escena de la Princesa de Asturias mediando entre dos niñas que se habían peleado dio para unos cuantos artículos. Lo mismo que ese gesto de consolar a la pequeña Sofía cuando tropezó a las puertas del colegio. En tiempos de Alfonso XIII, a los príncipes se les educaba en palacio, pero ahora van a la escuela. Aquí y en Inglaterra. «Lady Di fue muy insistente en que sus hijos fueran a un colegio, porque el príncipe Carlos era un poco reacio. Y para nosotros fue habitual ver a la Reina Sofía yendo a las reuniones del colegio de sus hijos». Dicen los especialistas que este gesto les acerca a la calle, que aunque no se mezclan mucho con el pueblo -«por seguridad»-, no está de más que la gente les sienta cercanos. Llevar a los niños al colegio, ir al centro comercial o asistir a conciertos como acostumbran los Príncipes de España -también son muy asiduos en las monarquías del norte de Europa- «les ayuda a tomar el pulso a la calle».

Otra cosa es salir de cañas. Eso se acabó, aunque pueden seguir quedando con los amigos. «Generalmente en palacio o en casa de otros». Y alguna vez, incluso en la calle, como aquel café que se tomó doña Letizia con Isabel Sartorius. «No es habitual, pero no es un gesto mal visto». ¿Y los hobbies? Kate Middleton adora esquiar y le viene como anillo al dedo, porque esta es una afición muy real. Tanto, que la princesa Letizia hasta tuvo que recibir clases de esquí. La instruyó Eduardo Roldán, presidente de la Federación Española de Deportes de Invierno.

"El protocolo es flexible y se adapta a las circunstancias"

6. Boda sin besos.

La boda de la infanta Elena (Sevilla, 1995) estaba preparada al milímetro, pero en el momento clave, antes del 'sí quiero', se olvidó de girar la cabeza hacia el Rey para pedirle autorización. Error. La propia Princesa de Asturias se saltó el protocolo en la boda con don Felipe (Madrid, 2004) cuando saludó a su abuela con dos besos. Ambos lapsus, dicen los expertos, «se admitieron porque fueron espontáneos y ellas no son robots». Aunque apuestan uno contra diez a que no pillarán a Kate Middleton en una así y no se le olvidará pedir permiso con la cabeza a la reina. Será un gesto, nada físico, porque a Isabel II no se la puede tocar: «Su nieto debe saludarla con una reverencia. Otra cosa es que salga de ella acercarse con un gesto más cariñoso, pero es bastante cuadrada y probablemente no lo hará» -tanto impone la soberana que muchos hombres no saben cómo saludarla y hacen una genuflexión, un gesto propio de mujeres-.

Porque en cuestión de 'normativa real' hay grados. «La monarquía española es más flexible que otras. En la boda de los Príncipes los familiares de doña Letizia se sentaron en los bancos de delante, cuando por protocolo debieran haber estado colocados atrás, porque había muchas personalidades importantes. Pero tampoco era plan de ningunearlos». A la hora de los afectos, también nos mostramos menos pudorosos que los ingleses: «Cuando las infantas se encuentran con la Princesa de Asturias, primero la saludan con dos familiares besos y luego hacen la inclinación en señal de respeto a la jerarquía -también saludó así doña Letizia a la reina Rania en su visita a Jordania el 13 de abril-. Pero en Inglaterra lo de los besos no existe, para eso son mucho más rígidos».

Claro que ellos han hecho de esa flema británica motivo de orgullo nacional. La rigidez en las formas encanta a los británicos. Allí las niñas todavía sueñan con ser princesas y entrar de blanco en la Abadía de Westminster, como hará Kate Middleton el viernes. Para complacerlas, una americana de 34 años llamada Jerramy Sage Fine ha montado una 'Escuela de princesas', uno de tantos negocios surgidos al calor de la boda del año. Jerramy ofrece cursillos acelerados de una semana a crías de entre 8 y 11 años, una especie de campamento de verano en uno de los barrios más lujosos de Londres. Por 3.995 libras (4.500 euros), las niñas aprenden a montar a caballo, reciben clases de buenos modales en la mesa, acuden a tomar el té a Kensington Palace... Se ofertan tres cursos en julio y agosto y ya hay lista de espera. Mucha aspirante a princesa para un país en el que no hay relevo en la corona desde 1953.

7. Iconos de moda.

El 'front row' de la pasarela real es más exigente que el de Cibeles. Los vestidos, los zapatos, los peinados también pueden aupar o hundir a una princesa, aunque Kate Middleton no tendría que fallar en esto: «Es joven, guapa y con buena figura (mide 1,77). Natural, aunque le falta cierto 'chic'», considera la experta en moda Guadalupe Cuevas, que augura «un cambio espectacular en pocos años, como ocurrió con la princesa Diana». En todo caso, sin extravagancias. «Lo mejor es lo clásico, los trajes de chaqueta con falda y pantalón, los vestidos con abrigo a juego, estampados discretos y nunca más de tres colores a la vez, tacones medianos...». Eso son los 'must' de las princesas.

A ellas les están vedadas las minifaldas, los escotes pronunciados, la ropa ceñida, las uñas muy largas, las transparencias, los abrigos de piel, las plataformas muy elevadas, los zapatos planos... Aunque la Princesa de Asturias se salta algunas reglas: «Abusa de las plataformas, no es elegante ir remangada y no se puede pasar revista a las tropas en camisa y pantalón». No está mal que repita modelos, «pero debería dejar pasar más tiempo». Y alguno, no volver a sacarlo nunca: «El vestido de Mango que utilizó en un viaje a León era muy corto y a los pocos días lo lució Belén Esteban, así que no parece una elección acertada». Es el riesgo, advierte Cuevas, de vestir firmas low-cost. También lo hace la inglesa, que no usa normalmente marcas de lujo ni joyas o bolsos caros. Pero cuidado con lo económico: una vez, Estefanía de Mónaco fue al Baile de la Rosa con un modelo baratito comprado por catálogo, «una metedura de pata memorable».

El primer examen de estilismo lo pasará Middleton en la boda. «Para el vestido de novia, el estilo clásico y sobrio es una baza ganadora. No debe seguir las tendencias del momento». Mejor recurrir a un diseñador de renombre y del país, aunque parece que Kate ha metido mano ella misma en el diseño. Letizia eligió al español Manuel Pertegaz y en Inglaterra probablemente también se queden con alguien de la tierra -suena el nombre de Sarah Burton, la desconocida directora creativa de la firma británica Alexander McQueen-. En todo caso, y como marca la tradición nupcial de nobles y plebeyas, ella guarda bajo llave el secreto del vestido. Ahora el debate -casi nacional- es si debe llevar en la cabeza la tradicional tiara (así lo hizo Letizia) o arriesgarse con un adorno floral. Y colorín colorado, que sean felices -la familia real británica colecciona divorcios- y coman perdices.

EQUIPO DE ÉLITE.

El jefe de la boda.

Jamie Lowther-Pinkerton (50 años) sirvió en El Golfo y Bosnia. Prepara la boda (ceremonia, recorrido y recepción), que costará 23 millones de euros. Uno de sus hijos hará de paje.

El tutor de Kate.

David Manning (61), exasesor de Blair. Le instruye en historia real, en leyes... Kate también aprende idiomas, a tratar con los medios y a hacer frente al aislamiento que conlleva el cargo.

Asuntos de prensa.

Miguel Head (32). Trabajó en el Ministerio de Defensa, el príncipe Enrique lo conoció en Afganistán y lo contrató. Responsable de facilitar información a la prensa. Muy discreto.

Confidente.

Helen Asprey ha sido asistente personal y confidente de Guillermo durante 10 años. Ahora también es secretaria de Kate. Se encarga de lo más privado de la boda, como la cena.

  • Alta el

    27/04/2011

    Modificado el

    27/04/2011

    Contenido ID

Seguir Navegando

Contenido relacionado Social Etiqueta Social Buscador de Protocolo más de 40.000 entradas


Contenido Relacionado

¿Te ha gustado?

Facebook

Google +

 


Mas Relacionados

Citas Celebres

    • Visita cada día, a la semana hastía. Anónimo.

Preguntas con Respuesta

Acceso Usuarios

E-Mail

Contrasena

Recordarme

Acceso de Usuarios Registrados.

Usuarios RegistradosSi no está registrado vaya a Registro de Usuarios. También puede Recordar su Contraseña.

 

Acerca de protocolo.org

Protocolo y Etiqueta es un portal enciclopédico de conocimiento especializado en el protocolo ceremonial, y en el uso y costumbres adecuados a las buenas maneras y comportamientos den las diferentes culturas y civilizaciones.

El editor no se hace responsable de las opiniones expuestas en las secciones de comentarios públicos.

Existe una Política de Privacidad relativa a los usuarios registrados del portal. Contenidos inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual.

Publicidad

Si dessea Anunciarse en protocolo.org tenemos una página con un mapa publicitario del portal

Contacto

 

Otros Portales de Cronis:


Licencia de Creative Commons

Algunos contenidos de este portal web están bajo una licencia de Creative Commons.Aviso Legal

 

Protocolo y Etiqueta es un portal de Cronis OnLine. Copyright © 1995-2010 Cronis On Line S.L. - Todos los derechos reservados. Recomendar este sitio.