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Temas de conversación. De qué hablamos

  • El tema de conversación puede variar mucho en función del grado de confianza que tengamos con las personas con las que hablamos y el lugar donde tenga lugar esa conversación

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Foto  Pedro Ribeiro Simões  Conversar. Platicar, Lagos, Algarve, Portugal.

¿De qué hablar en una conversación?

Entablar una conversación -platicar- con alguien a quien conocemos no suele resultar una tarea demasiado difícil. El inconveniente suele surgir cuando tenemos enfrente a personas que no conocemos. Se nos plantea el reto de entablar una conversación, pero, ¿sobre qué tema? No podemos recurrir al socorrido tema del tiempo (muy utilizado en los ascensores). Debemos contar con algún repertorio más extenso de posibilidades. Pero cuidado, no debemos hablar de temas que no conozcamos, y mucho menos hacernos pasar por un experto en un tema que no conocemos. Las otras personas pueden dejarnos en muy mal lugar si hablamos de un tema que desconocemos pero ellos no.

El tema de conversación puede variar mucho en función del grado de confianza que tengamos con las personas presentes. Si la reunión es familiar podemos tratar temas más personales, pero si la reunión es social tendremos que tratar temas más generales y de interés común para todos, intentando no hablar de personas que no se encuentren presentes. En reuniones profesionales, podemos tratar temas mucho más específicos de la profesión, sirviéndonos de enlace para charlar sobre otros temas más generales.

"Los temas de conversación varían en función de las personas y del tipo de reunión"

Existen una serie de temas que no deberían sacarse en conversaciones entre personas poco conocidas, como son la política, la religión y el sexo. Tampoco temas que puedan llevarnos a enfados tontos como los deportes de equipo, y por supuesto temas íntimos de pareja o familia. Evitemos en las charlas entrar en polémicas, valoraciones o juicios de valor. No somos quien para juzgar actitudes o posturas ajenas y distintas a las nuestras. Seamos respetuosos con las opiniones de nuestros contertulios -hay que comprenderlas aunque no se compartan-. En definitiva, debemos descartar cualquier tema que pueda ser motivo de polémica o discusión. Hay que tratar de tener una reunión o encuentro tranquilo, cordial y ameno.

Foto  antony_mayfield  Conversaciones sobre el estado de la red

El lugar donde tiene lugar la conversación es muy importante. En la mesa por ejemplo, está totalmente prohibido hablar de enfermedades, de hospitales y de temas similares (y por supuesto nada de accidentes y temas escatológicos). Tampoco debemos hablar de cualquier tema que pueda causar cierta repugnancia a la hora de comer. Los temas de trabajo, salvo en reuniones profesionales, deberían dejarse a un lado. No suele ser un tema muy ameno contar las aventuras y logros personales. Se pueden contar simplemente anécdotas sueltas, pero no nuestra vida de forma pretenciosa. Tampoco es muy correcto presumir de lo que tenemos, de lo que valemos y de lo que somos. Nunca debemos aparentar saber de todo. No es malo reconocer que no se dominan todos los temas. Hay que ser discreto, prudente y respetuoso. Es mejor callar y no meter la pata.

Si la conversación toma un tono ligeramente agresivo o se desvía a cuestiones que pueden causar polémica o enfados, hay que tratar de cambiar de tema o bien dejar de hablar del controvertido tema en cuestión que puede dar lugar a situaciones comprometidas o incómodas.

  • Alta el

    15/07/2003

    Modificado el

    23/09/2015

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Citas Celebres

    • Muchos entran en la corte, pero la corte no entra en ellos; si toscos van, vuelven groseros. Anónimo.

Preguntas con Respuesta

    • He leído en otra Web, que los cubiertos se dejan en vertical, y paralelos ambos cubiertos. Pero ahora leo en la vuestra, que se dejan ligeramente ladeados a la posición de 45 grados. ¿Cuál es la correcta y cómo se deja el tenedor?

    • Es correcto dejar los cubiertos siempre en paralelo, tanto en posición vertical como a lo que nosotros hemos dado en llamar "las cuatro y veinte" (tomando como referencia las agujas de un reloj); esta última es la más habitual (lo puede comprobar si se fija en un restaurante o banquete al que acuda) y, en cierto modo, la más lógica, ya que dejarlos en vertical obligaría a meter los cubiertos, con su mango, dentro del plato, pues puede a molestar ligeramente al comensal, al tropezar fácilmente con ellos al acercarse a la mesa para tomar la copa u otra acción similar. El tenedor se deja con las púas hacia arriba y el cuchillo con el filo hacia la parte interior del plato.

       

 

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