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Lo bien dicho, presto es dicho. El hablar.

Hablando es como se demuestra más la educación. No sólo por lo que se dice, sino por la manera de decirlo.

 

Ediciones de la Sección Femenina, Departamento de Cultura. 1.955
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Convivencia Social. Formación Familiar y Social. Tercer curso.

Tono.

Hablando es como se demuestra más la educación. No sólo por lo que se dice, sino por la manera de decirlo. La voz es uno de los mayores adornos de la mujer cuando es agradable.

A veces oímos decir: ¡qué voz tan agradable tiene Alicia!. O, qué manera de hablar tan atractiva tiene la actriz tal. Yo voy al teatro sólo por oírla ...

El tono debe ser medio, ni demasiado bajo que los que escuchan tengan que esforzar el oído para entender lo que se dice, ni demasiado fuerte. Se evitará el canto al hablar.

Es de muy mala educación hablar gritando en teatros, cines, salones de té, tranvías, etc., o hablar de manera que se entere todo el mundo de lo que se dice. No interesa a nadie lo que nos sucede, ni tampoco nuestra opinión.

Además, dice muy mal de sí misma la persona que no puede escuchar en silencio un concierto o una función. Los grupos que cuchichean o ríen, se deben desterrar en absoluto.

Lenguaje.

Además del sonido de la voz, tenemos que cuidar nuestro lenguaje, es decir, las palabras que usamos. Y además de cuidar nuestras palabras, tenemos que cuidar nuestra pronunciación, nuestras expresiones, nuestras ideas. Todo esto es necesario para resultar una persona educada.

Se pronunciará bien. Por hacer gracia, se cogen a veces malas costumbres que perduran toda la vida. Debe hablarse ni muy de prisa ni muy despacio, evitando repetir siempre la misma palabra; no deben usarse latiguillos.

Nada tan feo como esas personas que repiten a cada momento, "¿no?", "¿verdad?", etc. Y no digamos ya nada de esas palabras absurdas, que de pronto se ponen de moda, y como una inundación se repiten miles de veces en todas las conversaciones. Las palabras de idiomas extranjeros, o palabras españolas extranjerizadas, que mucha gente utiliza porque se creen así más elegantes, ya que piensan que les da un barniz cosmopolita, resultan cursis, como todo lo que no es natural, y, sobre todo, ¿a qué aceptar la terminología extranjera si la nuestra es tan rica?.

Bien es verdad que hay palabras intraductibles, como "lo cursi", "lo chic", "lo snob"; pero no las tengamos siempre en los labios.

No hay que pretender ser un orador. Resultan ridiculas las personas que usan palabras rebuscadas y frases altisonantes. La forma de conversar debe ser sencilla y llana, pero en todo momento de acuerdo con nuestro idioma, tan rico en giros, modismos y palabras.

Y, ¿cómo mejoraremos nuestra voz?

Casi todas podéis tener una voz agradable, pero lo que sucede es que algunas chillan al hablar, otras gruñen, otras emplean un tono monótono y dejan que sean las palabras las que expresen ellas solas su significado, sin añadirles la modulación que proviene de nuestra comprensión y de nuestra intención al pronunciar la palabra. Otras niñas hablan entre dientes; otras, atropellan las palabras ...

Pero muchas veces ignoramos estos defectos nuestros. Y esta lección es para haceros un pequeño examen.

Muchas veces os dicen en casa: ¡Niña, no grites!, o ¡niña, habla más claro!.

Lo necesario es que cada una de vosotras haga ejercicios de lectura y trate de conseguir conocer sus propios defectos.

Algunas advertencias útiles sobre la conversación (Quevedo, «Origen y definición de la Necedad»).

Si alguno interrumpiere el discurso o plática por alguno comenzada en conversación, quede declarado por semitonto, por el "a b c" de la cortesía.

Declárese asimismo por necio el que se metiere en la conversación, plática o habla de otros, mayormente si en ella están dos solos; y si a esto se añade ver que se recatan del, o muestran disgusto y, sin embargo, perseverare, quédese por necio de la China.

Se declara y confirma por necio de manga de armar, al que refiriendo las gracias de sus hijos, causa desabridos bostezos en los circunstantes... y si a esto añadiere el estado de sus pleitos, haciendas y fábricas, sus casas, edificios y designios de sus pretensiones, quede por necio de altos, e impertinente de veinte y dos quilates.

Declárese por necio de primera tijera, al que siendo hombre de razonable hábito, va por la calle hablando con voz desentonada, descompuesta y alta, argumentando, lleno de incapacidad y compostura interior de que los exteriores dan verdadero y claro testimonio.

Declárese por necio frisado, al que se llega a la persona que está leyendo o escribiendo algún papel; y si a esto añadiere el mirar cuyo o para quién es, declárese de más de ser necio, por digno de jaquino, cincha y cola jumental.

A las niñas que apenas han empezado el estudio de la literatura española y de nuestros clásicos, les chocarán estas advertencias en lenguaje arcaico, en términos tan enérgicos y con adjetivos tan pintorescos y graciosos. Pero precisamente los adjetivos son los que hacen gracia y fijan en la memoria estas advertencias, siempre prácticas y tan necesarias en el siglo XVI como ahora,

Lo que hay que evitar.

Es de mal tono gritar de una acera a otra de la calle, llamar ruidosamente a una amiga, entablar conversación con alguien que esté en otro piso.

Si alguien te pisa el pie, no estás obligada a decir "gracias"; pero, en cambio, no debes lanzar un "animal" o un "estúpido".

Si la que habla contigo dice algo inexacto, no tienes que replicarle: "no es verdad", y menos: "mientes". Puedes decirle que "no todos comparten su opinión". Y así le dices que "no es verdad", pero en una forma mucho más cortés. "El tono es lo que hace la música"; podemos decir verdades muy puras, pero en tono sereno, correcto.

Ejercicio para corregir nuestra voz y dicción.

Un ejercicio que recomienda El libro de las niñas (Traducido por María Luz Morales), y que yo encuentro muy bueno, es el siguiente: elegir un trozo de poesía que conozcaís de memoria y diariamente hacer uno o varios ejercicios de modulación, recitando ese trozo de la manera siguiente:

1. Abriendo la boca cuanto sea preciso.

2. No hablando de manera gangosa.

3. Moviendo la mandíbula inferior cuanto sea necesario.

4. La lengua se tiene que mover libremente.

5. Libre movimiento de los labios, aunque resulte exagerado.

6. Respirad con frecuencia, aprovechando los puntos y las comas.

7. Tened bien despejados los conductos de la nariz.

8. Procurad que no se os agarroten los músculos de la boca y la garganta.

Al principio os resultará grotesco y difícil, pero aun así, notaréis cómo desde la primera vez que lo hagáis, las palabras así expresadas cobran nuevo vigor y nueva vida. Este ejercicio, si lo hacéis con constancia, mejorará vuestra voz y vuestra dicción.

Refranes.

Lo bien dicho, presto es dicho.

El hablar es oro y el mucho hablar lodo.

Mucho hablar, mucho errar.

Hablar sin pensar es tirar sin apuntar.

Refranes que hacen el elogio del silencio y recomiendan la discreción.

Harto sabe quien no sabe, si callar sabe.

Habla poco, escucha asaz y no errarás.

¿Me guardarás un secreto, amigo?. Mejor me lo guardarás si no te lo digo.

Lo que te encubren no procures saberlo, y lo que te descubren tenlo secreto.

Los menos por callar se arrepintieron.

El necio, callando, es tenido por sabio.

 

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Nota

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