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El arte de conversar

'Un buen conversador debe tocarlo todo y concentrarse en nada', decía el escritor Oscar Wilde

 

Revista TELVA

The New Yorker Jan. 7, 1939 - Hilarious party conversation!
Sobremesa. The New Yorker Jan. 7, 1939 - Hilarious party conversation!

Tener una buena conversación

"Un buen conversador debe tocarlo todo y concentrarse en nada", decía el escritor Oscar Wilde, uno de los más notorios "causeurs" de su tiempo. En la sociedad victoriana las anécdotas mordaces y la frivolidad inteligente se consideraban armas imprescindibles de la vida social. El objetivo: entretener. Hoy, poco (o nada) queda de las largas sobremesas en las que las mentes más agudas medían su brillantez. Los usos han cambiado, el trato se ha relajado. Y no parece necesario dominar ninguna estrategia para conversar en una fiesta, una reunión o una convención profesional. Todo es más informal, más natural. La norma predominante: ser uno mismo. Pero, ¿basta la naturalidad?

¿Eres una aspiradora social?

En realidad, saber relacionarse es un talento como otro cualquiera. Y la habilidad para suscitar el interés de los acompañantes y dejar una impresión favorable (e imborrable) resulta más importante que nunca. ¿No es acaso ésta la época del networking? Y, ¿qué mejor instrumento para propiciarlo que una buena conversación, con su grado justo de profundidad e insustancialidad?

El periodista y socialité neoyorkino Derek Blasberg -asiduo a cuanto front row, presentación y enlace matrimonial se celebre en los lugares más it del planeta, y autor del divertido manual de etiqueta y best-seller "Very Classy"- lo considera un arte crucial. " Una dama sabe cómo hacer que la conversación fluya, y cómo cambiar de tema cuando el diálogo se torna demasiado vehemente ".

Porque, como explica la columnista de sociedad Elsa Maxwell, no hay nada peor que " un pesado: esas personas que son como un aspirador de la vida social, que quieren absorberlo todo sin dar nada a cambio. La gente es capaz de admitir que ha cometido un asesinato, un incendio o el robo de un banco, pero jamás admitirá que no sabe hablar".

"Si los noes y los yoes que has pronunciado en una reunión social alcanzan el doble dígito, no vas por buen camino. El pelmazo es el ENEMIGO LETAL de las conversaciones"

El secreto de Marella Agnelli

Seguro que, en más de una ocasión, has echado de menos algún buen consejo sobre el particular, porque ningún intercambio social carece de normas. Tus gestos, tu forma de comportarte y, sobre todo, de dirigirte a los demás, dicen de ti mucho más de lo que crees.

Cuando se trata de conversar, la receta número uno es: naturalidad, respeto e interés, aunque te estés aburriendo. Una chica inteligente sabe también cuándo pedir disculpas, es cuidadosa con sus palabras y, por supuesto, tiene opiniones y las comparte en el momento adecuado. Pero jamás presumirá de haber acudido a exposiciones, visto películas o leído libros que no ha visitado, visto, ni leído. Sabe que parecer inteligente, por el hecho de parecerlo, resulta antiguo e impropio de una mujer inteligente.

Como decía la socialité estadounidense de los años 70, Nan Kempner, " ser invitado a una reunión social, sea del tipo que sea, no es un derecho sino un privilegio, y cuando aceptas una invitación adquieres un compromiso: el de ser agradable y entretenido con tu anfitrión y el resto de sus invitados. Quedarse en un rincón sin decir palabra, o estar con la misma persona durante horas, es algo que sólo podía permitirse alguien como Elizabeth Taylor, célebre por sus fiestas dentro de la fiesta, que convirtió esta falta de tacto en una forma de arte. Pero aquéllo era Hollywood, y ella una gran estrella acostumbrada a ser el centro de todas las miradas".

Conversación a la hora del té.
Tomar te. Conversación a la hora del té.

Al conocer a alguien nuevo, lo primero que debes hacer es sonreír y mostrarte lo más amistoso, auténtico e interesado posible. No olvides que interesado no quiere decir interesante, y que auténtico no significa excesiva familiaridad. Haz preguntas. Sigue haciendo preguntas tras las respuestas. Escucha. Y sonríe. Pase lo que pase, este sencillo esquema es la llave que abre todas las puertas. Ayuda a romper el hielo, a que los demás se sientan bien tratados, y a tí te da la oportunidad de mostrarte sin abrir excesivamente la boca.

En segundo lugar, utiliza lo que Blasberg llama tu voz interior: mantén un tono de voz modulado, ni agudo ni grave, ni demasiado alto ni demasiado bajo. Y, en tercer lugar, recuerda la regla de las tres S, el secreto de una excepcional anfitriona como Marella Agnelli: sogni, salute e soldi (sueños, salud y dinero), o lo que es lo mismo: jamás hables (en una reunión que no sea estrictamente familiar) de tus sueños, de tu salud, ni de tu dinero. Hoy se habla de la regla de las tres C: nada de confidencias, calorías o críticas.

Las confidencias son el enemigo número uno de la conversación, aparte de un peligro para tu imagen y la de tus conocidos. Su efecto inmediato: la gente huye. A nadie le apetece hablar de muertes, rupturas sentimentales, preferencias sexuales o traumas infantiles. Los pormenores de tu dieta tampoco interesan, como ningún otro incidente o trastorno relacionado con el funcionamiento de tu cuerpo: borra de tu repertorio palabras como muela, estreñimiento o pus...

Por supuesto nada de finanzas personales, juicios políticos transgresores o defendidos con vehemencia, aunque debes poder emitir una opinión y argumentarla con firmeza llegado el caso. No hay nada más insustancial que una persona incapaz de sostener lo que piensa con naturalidad. Y, por último, pero no menos importante, no se te ocurra criticar: una cosa es el cotilleo divertido y ágil, lo que los ingleses llaman "witty", un arte en sí mismo, y otra la maledicencia. Además de que el mundo es muy pequeño, dará de ti la imagen de una persona amargada, envidiosa y, sobre todo, indiscreta. ¿Puede conseguirse algo peor en menos de diez minutos?

La regla de oro es preguntarse, ¿me gustaría escuchar a mí lo que me están contando?

La regla de oro es preguntarse, ¿me gustaría escuchar a mí lo que me están contando? Las redes sociales nos han acostumbrado a compartirlo todo y a compartirlo ya. Pero eso no quiere decir que sea apropiado hacerlo cara a cara en una reunión. Para iniciar la charla, recurre a los infalibles TED: el tiempo, los espectáculos y los deportes. Te ayudarán a tomar la iniciativa sin rozar temas polémicos. Todo el mundo tiene algo que decir sobre el frío o el calor, se emociona con algún equipo deportivo, o ha visto un estreno reciente. Sobre todo, no se te ocurra preguntar directamente a alguien quién es o en qué trabaja. Puede parecer que estás tratando de averiguar si merece la pena seguir conversando con él.

Y nunca, jamás, consultes tu móvil o te quedes mirando al vacío hasta que alguien diga algo, si de pronto se produce un silencio. Lo cual no quiere decir que tengas que hablar sin cesar y sin ton ni son de lo primero que te venga a la cabeza. Detente un segundo y haz un breve chequeo mental de la situación: ¿hay alguien escuchando lo que digo?, ¿cuántas veces he pronunciado la palabra yo en los últimos cinco minutos? ¿mi anécdota la propició una pregunta o la cuento por no estar callada? Si los noes y los yoes alcanzan los dos dígitos, no vas por el buen camino. El pelmazo o lo que es lo mismo, tomar el hilo y no soltarlo, es el segundo enemigo letal de las conversaciones. "¿Sabe usted aislarse de una persona que habla demasiado? Yo desde luego no lo he conseguido nunca", decía la duquesa de Devonshire.

No olvides nunca que un buen conversador, educado y entretenido, siempre mira a los ojos y mantiene la mirada, conoce perfectamente la diferencia entre ser directo o demasiado franco, y entre la asertividad y la agresividad. Y siempre dice en público cosas agradables sobre la gente, aunque se permita el lujo de ser muy sincero sobre la gente desagradable en privado. Y, sobre todo, sabe cómo terminar de forma educada una conversación.

Toma nota para saber si algo no funciona en tu forma de conversar con los demás:

1. ¿Te acercas demasiado a tu interlocutor? Lo correcto es mirarle a los ojos y que él te mire, sin torcer los hombros o la cabeza, y sin perder la perspectiva del resto de su cuerpo.

2. ¿Hablas demasiado alto? ¿Te echan el resto de los invitados una mirada de vez en cuando desde otros corrillos? Modula tu tono como si estuvieras en una habitación de tamaño medio.

3. ¿Nadie te cuenta nada? Quizás es que, sencillamente, no haces preguntas.

Aquí tienes, también, algunos consejos prácticos que te ayudarán a romper el hielo.

A. Haz un cumplido sobre el look , se trate de un hombre o de una mujer. Convierte tu halago en una pregunta: me encanta esa chaqueta vintage, ¿dónde la has conseguido? Aunque, trata de ser lo más sincera posible.

B. A la gente le gusta expresar sus opiniones. Pregunta a los demás por las suyas. Eso sí, nada de ¿no te parece un fraude la amnistía fiscal? Recuerda los TED.

C. Preséntate y pregunta a los demás por sus nombres. A todo el mundo le gusta que le llamen por su nombre de pila. Aunque, claro, ¡hay que tener memoria!

D. Comenta acontecimientos generales de la actualidad: política extranjera, un informe reciente de algún organismo oficial, el nacimiento de un nuevo oso panda en el zoo de Pekín... Además, descubrirás quiénes son las personas menos interesantes si alguien se te queda mirando como si fueras Platón.

E. Utiliza el sentido común: no le preguntes a un hombre serio y trajeado si conoce la tienda del diseñador revelación de la Fashion Week, ni a una joven hipster qué le parece la versión remasterizada de los conciertos de Brandeburgo.

 

 

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