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J. EL CÓDIGO DE LA CIVILIZACIÓN REFLEXIVA: Autoavuda y cuidado del Yo. IX.

Autoayuda y cuidado del yo. La civilizaciópn del conocimiento.

La civilización del comportamiento. Urbanidad y buenas maneras en España desde la Baja Edad Media hasta nuestros días
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"Respetarse a sí mismo" se encuentra estrechamente ligado al "amarse a sí mismo". El respeto por uno mismo alude al juicio central en la vida de cualquier persona, que no es otro que el juicio que pueda tener de sí. Ese juicio conlleva una autovaloración que cuando es positiva se entiende afín o comparable al amor por uno mismo. El primer paso que debe dar una persona en dirección al autorrespeto es afirmar con convicción la valía de su conciencia. Dicha valía se asienta en saber qué se piensa y siente y en conducirse con arreglo a pensamientos y criterios propios. A continuación, se impone una actitud de autoaceptación a través de la cual se habla y actúa sin necesidad de fingir o de autoengañarse sino siempre con arreglo a lo que se piense o sienta. Se sigue una negación de la culpa que no sea merecida y una aceptación de la que sí se merece, una reivindicación de la existencia propia como algo no dependiente de nadie y finalmente una apuesta por la vida y las posibilidades para madurar, descubrir y explorar qué tiene en ella la persona (Branden, 1997:12-13).

El respeto por uno mismo se convierte en falta de autorrespeto cuando la persona busca como necesidad la aprobación de los demás. Se trata de una falta de autorrespeto puesto que así la emocionalidad y el comportamiento se hacen depender del prójimo. Aquí, el riesgo que se corre es trocar la búsqueda de la propia felicidad por el cumplimiento de deseos y expectativas que los otros proyectan sobre la persona, la autoaceptación por la aceptación ajena o la confianza en las propias emociones, pensamientos y conductas por aquellas pautas de acción y sentimiento que proporcionan los demás (Branden, 1997:10). En definitiva,

"Hay que deshacerse de la necesidad de aprobación. [...] hay que erradicarla completamente de tu vida si quieres lograr tu realización personal. Esa necesidad es un psicológico callejón sin salida que no te aporta ningún beneficio" (Dyer, 1978:76).

(Nota: Depender de la aprobación del otro puede generar resultados emocionalmente extremos. Una dependencia exagerada comportaría poner en manos del prójimo un cúmulo de sentimientos que podrían ser aprovechados por otra persona para absorber la energía emocional de quien precisa aprobación. Quienes absorben o, en palabras de Albert J. Bernstein, "vampirizan" dichas energías son los denominados 'vampiros emocionales'. El peligro de una dependencia aprobatoria es que quien se encuentre frente a la persona "dependiente" sea uno de estos vampiros, puesto que tratará de hacerse con la energía emocional de quien pretende aprobación. Sin embargo, también puede darse la circunstancia de que quien ansía aprobación se transforme en uno de estos vampiros que para sobrevivir necesita la energía emocional del otro en forma de aprobación. El peligro, por tanto, es doble. Albert J. Bernstein en su obra Vampiros emocionales. Cómo reconocer y tratar con esas personas que manipulan nuestros sentimientos acuña tal denominación para referirse a aquellas personas que pretenden lograr a toda costa la atención total y exclusiva del prójimo. Se trata de individuos infantilizados que entienden que sus necesidades son siempre más importantes que las del resto. Entre las estrategias que el autor propone para combatirlos se encuentran a) el conocimiento de su historia de vida, b) la identificación de sus demandas implícitas, c) la negativa frente a estas demandas y d) el establecimiento de límites. Cfr. Bernstein (2001:19,22,36-37,71-75)).

Por tanto, son el hacerse cargo de uno mismo, el amarse a uno mismo y el respetarse a sí mismo los puntos fundamentales que conforman la noción de responsabilidad del código de la civilización reflexiva. Para la satisfacción de cada uno de estos puntos, las publicaciones de autoayuda apuntan una serie de procedimientos o pseudotécnicas a los que el lector puede recurrir aplicándolos en su vida personal. Se entra así en la dimensión práctica que posee la literatura de autoayuda.

En lo relativo al hacerse cargo de uno mismo, se recomienda la utilización de la imaginación para afrontar aquellas situaciones que son comúnmente tenidas por desagradables. Aceptarlas como desagradables porque socialmente han sido así definidas implicaría acomodarse a patrones sociales de valoración que fijan una definición unívoca de lo que es o no agradable. Este acomodo es renunciar a hacerse cargo de uno mismo. Cuando la persona se hace cargo de sí misma es capaz de escoger las emociones que va a sentir e invierte dichos patrones sociales en su propio beneficio. Esta utilización de la imaginación con la consiguiente inversión de patrones sociales de valoración permite que la persona se haga cargo de sí misma. Un ejemplo elocuente lo proporciona Wayne Dyer al explicar cómo afrontar la visita al dentista haciéndose cargo de uno mismo. Una visita al dentista es socialmente valorada de manera negativa. Se asocia a sensaciones de temor, nervios, malestar y dolor "[...] pero todas éstas son reacciones aprendidas. Tú podrías hacer que la experiencia funcionara a tu favor si decidieras que se trata de un procedimiento agradable. Podrías, si realmente decides usar tu cabeza, hacer que el ruido del torno te haga pensar en una hermosa experiencia sexual y cada vez que suene su ronroneo podrías entrenar a tu mente a que se imagine el momento más orgiástico de tu vida. Podrías pensar diferentemente sobre lo que solías llamar dolor y elegir sentir algo nuevo y agradable. Te resultará mucho más agradable y gratificante dominar tus propias circunstancias mentales que aferrarte a las viejas imágenes y simplemente resignarte"(Dyer, 1978:33).

Para quererse o amarse a sí mismo se recomienda a) no dudar de los gestos de sinceridad ajenos aceptándolos de buen grado, b) confesar el amor que se siente a la persona interesada y felicitarse por haberlo hecho, c) pedir en un restaurante aquello que se desee obviando sin preocupación el precio, d) desarrollar algún tipo de actividad que sea apetecible por el simple hecho de llevarla acabo; e) autoexplorarse y conocerse sexualmente y f) prestar atención al cuidado corporal comiendo alimentos nutritivos, paseando en bicicleta o dando paseos por parajes naturales (Dyer, 1978:71-72).

En lo que respecta al respeto a uno mismo y la exclusión de la aprobación ajena, se sugiere al lector que a) practique la estrategia del Tú cuando una persona desaprueba su conducta y se enfada. Aquí habrá el lector de reponerle "tú te estás enfadando y piensas que yo no debería pensar como pienso" dejando claro que la desaprobación pertenece a otra persona y no al propio lector que respetándose a sí mismo no expresa ninguna dependencia respecto a la desaprobación ajena; b) manifieste abiertamente a la persona que trata de manipularlo que ha percibido con claridad tal intención; c) provoque deliberadamente con su conducta o comentarios la desaprobación de otra persona hasta que la misma no genere ningún efecto sobre él; d) elimine de la conversación expresiones como "¿no?", "¿verdad?", "¿no es así?"; fórmulas todas ellas que implícitamente persiguen la aprobación ajena; e) tome nota de las frases afirmativas e interrogativas que emplea en la conversación con el fin de que las primeras predominen sobre las segundas y f) compare el tiempo que habla durante una conversación con el tiempo que hablan el resto de los interlocutores para que no sea menor y para que sus intervenciones no se reduzcan a cuando alguien solicita expresamente su participación (Dyer, 1978:100-104).

Respetarse a sí mismo, no depender de la aprobación ajena y no tener orientado el comportamiento hacia los demás crean las condiciones de posibilidad para que una persona sea independiente. Al respecto de dicha independencia se aconseja al lector que a) escriba su propia Declaración de Independencia resaltando obviamente el hecho de que desea vivir de forma independiente; b) anuncie a aquéllos de los que cree que depende psicológicamente su resolución de actuar de forma independiente; c) experimente decirle a una persona "no quiero hacerlo"; d) sea económicamente independiente; e) tenga secretos y no se vea en la obligación de compartir todo cuanto siente con los demás y f) admita que él no tiene por responsabilidad hacer feliz al prójimo (Dyer, 1978:275-278).

La noción de responsabilidad hasta aquí desgranada convierte a la persona en el auténtico director de su comportamiento y emocionalidad. Inevitablemente, la persona responsable debe tomar decisiones; debe optar. La opcionalidad es una derivación lógica de la responsabilidad. Desde esta óptica, ser responsables de su autorregulación emocional y conductual, conduce necesariamente a la persona a optar viendo en la vida una multiplicidad de posibilidades entre las cuales decantarse asumiendo el riesgo y la incertidumbre que esto conlleva (Giddens, 1997:102). Lo imperioso de la opcionalidad queda fijado a partir de la responsabilidad. Como señala Wayne Dyer en Tus zonas erróneas, la opcionalidad es uno de los ejes programáticos de la vida de la persona: "Tú eres la suma total de tus opciones" (Dyer, 1978:17). Ello no significa que optar no lleve aparejado riesgo y duda. No en vano, la opcionalidad hace que la persona viva de un modo concreto siendo consciente de que la suya es una opción entre muchas posibles (Giddens, 1997:240-241) (Nota: En torno al riesgo véase Beck (1998) y como complemento, la aplicación del enfoque del riesgo a las relaciones amorosas en Beck y Beck-Gernsheim (1998)).

 

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