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Ceder el asiento. ¿Cuándo cederlo? ¿A quién?

La cortesía no debe perderse amparándonos en las prisas y la vida tan acelerada que hay en las grandes ciudades.

 

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Ceder el asiento en un transporte público es una de las acciones que más echan de menos nuestros mayores, ¿a quién cedo el asiento y cuándo?

Desde muy pequeños nos han enseñado a todos, o a la mayoría de nosotros. a ceder el asiento, no solo en los transportes públicos, sino en cualquier otro lugar como una sala de espera, etc.

Debemos ceder el asiento a una señora, o a un señor de edad avanzada, a una mujer embarazada, a las personas con alguna dificultad de movilidad, a una persona que va con un niño muy pequeño y, en general, a cualquier persona que necesita el asiento más que nosotros.

Es un gesto de cortesía que se ha ido perdiendo poco a poco, pero que debemos recuperar. No es correcto hacerse el despistado, o el sueco, para no ceder el asiento a alguien cercano a nosotros que lo necesita. Hay que ser menos egoístas y más generosos.

Antiguamente cuando se cedía un asiento, para obligar, en cierta medida, a aceptar ese ofrecimiento, la persona que cedía el sitio indicaba que las normas de cortesía no le permitían volverse a sentar, aunque esa persona lo rechazara. De esta forma, la persona se sentía, prácticamente, en la obligación de aceptarlo. Esto sí que es una lección de cortesía y buena educación.

 

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