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Entrevista a Menchu Elícegui, responsable de protocolo y relaciones públicas.

Ha hecho de la discreción su profesión. Siempre sonriente, está entre bambalinas en todos los acontecimientos guipuzcoanos como responsable de protocolo.

 

El Diario Vasco
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Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

«La boda real es como un máster de protocolo».

Ella es El Protocolo en esta esquina del mapa. Trabaja en el Festival de Cine, la Quincena, los Cursos de Verano. Habría trabajado encantada en la boda real.

Nací en Ordizia hace 53 años. Soy soltera y vivo en San Sebastián. Estudié Turismo y empecé en el oficio desde abajo. Tengo una empresa de azafatas, guías e intérpretes, AIG.

Trabajo en los departamentos de protocolo y relaciones públicas de los Cursos de Verano, la Quincena Musical y el Festival de Cine. Ha hecho de la discreción su profesión. Siempre sonriente, está entre bambalinas en todos los acontecimientos guipuzcoanos como responsable de protocolo. Ha aprendido que hay gente que nace elegante y otra que debe «formarse». Su éxito es pasar desapercibida.

Confiese: el sábado le gustaría estar en la boda de Felipe y Letizia Ortiz.

- Sí, pero trabajando. Para quienes nos dedicamos a relaciones pública y protocolo esa boda es como un máster. Es más: conozco gente que se ocupa de esas tareas en los ministerios involucrados y pensé ofrecer mis servicios. Pero mi trabajo me ata ahora a San Sebastián. Lo veré por la tele.

Visto desde fuera, ¿qué le parece lo más complicado en una boda así?

- Tienen algo a favor: van a trabajar los mejores profesionales de cada campo. El gran enemigo de la boda es lo imprevisto. El protocolo siempre tiene todo bien atado, pero es ante los imprevistos cuando tienes que sacar de la chistera la profesionalidad.

Defina su trabajo.

- En Gipuzkoa no puedes vivir sólo del protocolo y las relaciones públicas. Sí me ocupo de esas tareas en los Cursos de Verano de la UPV, la Quincena Musical, el Festival de Cine o actos que pueden surgir, como las inauguraciones del Kursaal o el Chillida-leku. Tengo una agencia, AIG, que presta también servicios de azafatas, intérpretes o guías de turismo.

¿Cómo se forma uno para trabajar en esto? ¿Leyendo a Ussía? ¿A Peñafiel?

- Empecé Derecho pero luego me pasé a Turismo. Mientras estudiaba empecé a trabajar de azafata. Luego, de jefa de azafatas. Después creé mi empresa. Y hasta hoy. La formación es continua: siempre estás aprendiendo.

Usted siempre sonríe, pero con guante de hierro. Yo la he visto dar órdenes a lehendakaris, directores de orquesta o estrellas de Hollywood.

- El protocolo es mano de hierro en guante de seda. Con la máxima delicadeza tienes que ocuparte de que se cumplan los horarios y los pasos pactados con los jefes de protocolo de cada institución. Si no, empiezan los desastres en momentos clave y ante los ojos de todo el mundo.

¿Y dónde queda la naturalidad?

- El protocolo consiste en que todo esté previsto pero parezca natural. En una inauguración hay que tener fijado el sitio de cada uno antes de que empiece al aurresku. Hasta que no hago el gesto al dantzari no baila.

De todos sus trabajos, ¿cuál destacaría como el más importante?

- La inauguración del Chillida-leku, en el año 2000. Desde enero colaboré con la familia Chillida en los preparativos. El acto fue en septiembre con los Reyes, el canciller alemán Schroeder, Aznar, el lehendakari... Y sólo unas horas después una recepción para más de mil invitados. Fue agotador, pero mereció la pena.

¿El trabajo con los Reyes?

- La gente, cuanto más nivel tiene, más sencilla es. El Rey es muy cálido e informal en este tipo de actos. Con Chillida estuvo muy cariñoso, como siempre. Saltó el protocolo para saludar a Arzak. «¡ Qué pasa, Juan Mari !».

Trabaja con políticos, empresarios, artistas... ¿Cuál es el peor gremio?

- No respondo. Mi oficio exige discreción. Sí puedo decir, por ejemplo, cómo cambian los invitados de la Quincena y el Festival. El mundo de la música clásica es más disciplinado; el del cine, menos. Y más difícil.

¿Quién le dejó huella?

- Susan Sarandon fue encantadora.

Suponga que me han invitado a la boda real. ¿Cómo tengo que ir vestido?

- Las invitaciones aclaran todos los detalles. Para los hombres está claro; es más complicado para las damas. Traje corto, sí, pero ¿ cómo ? Recomendaría colores luminosos, pero no chillones, y tejidos de calidad. La clave es ir elegante pero discreta.

¿Las «clases de protocolo» han quitado espontaneidad a Letizia Ortiz?

- Yo la sigo viendo natural. Y era obligado que aprendiera normas de comportamiento inherentes a su cargo.

¿Le gusta como futura reina?

- Más que anteriores relaciones del Príncipe. La última no me gustaba.

¿Lo de protocolo no suena a rancio?

- Siempre hacen falta normas que regulen el buen funcionamiento.

¿El llamado «carácter vasco» pega con las rigideces protocolarias?

- No demasiado. Somos muy campechanos... Por ejemplo, se dice que aquí vestimos bien. Es verdad que se viste bien de sport, pero cuando hay que ir elegante, no cuaja. En ese sentido, Bilbao viste mejor que Donostia.

Vascos, ¿tiene remedio lo nuestro?

- Me gustaría que sí. Pero la falta de modales es a veces un síntoma de falta de educación. Y ahí está la clave.

 

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