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Preparar un código de vestuario. Cuestión de imagen. La presencia en su empresa o negocio.

Los códigos de vestuario aunque parecen anticuados aún están muy de actualidad.

 

Preparar un código de vestuario. Cuestión de imagen. La presencia en su empresa o negocio.
Imagen Protocolo & Etiqueta. Preparar un código de vestuario. Cuestión de imagen. La presencia en su empresa o negocio.

Hay situaciones laborales que parecen sacadas de una película. Como el caso siguiente, que es real: "Nuestra empresa confió en los anuncios de trabajo de un conocido periódico nacional. Contratamos a una excelente recepcionista, educada, preparada y muy correcta. Pero cuando llegamos al día siguiente no podíamos creernos lo que estábamos viendo. Apareció con un vestido de un color chillón, los pelos de colores, unos cuantos pendientes que adornaban su oreja y un maquillaje propio de un cuadro cubista de Picasso".

¿Qué hay que hacer para evitar estas sorpresas? Crear unas normas a cumplir por todo el personal de la empresa. Lo que se conoce como un código de vestuario.

Crear el código de vestuario.

El vestuario de los empleados puede ser muy importante para la empresa tanto en sus relaciones con los clientes como en sus relaciones con el resto de personal de la empresa. Por lo tanto en el trabajo se puede decidir establecer un código de vestuario para evitar sorpresas desagradables; este código de vestuario suele ser muy distinto en función del sector en el que se trabaja. Cada trabajo puede requerir de un vestuario totalmente distinto en función de las tareas a desempeñar dentro de la empresa.

Códigos rígidos o flexibles.

El código de vestuario no solo implica una serie de normas a cumplir sino que muchos de los directivos de las empresas utilizan las normas de vestuario para "presionar" a sus empleados, y cuando quieren soltar presión relajan las normas para dar mayor libertad y sensación de desahogo. El código de vestuario puede convertirse en una herramienta más de incremento de la productividad.

La evolución de la moda ha dado lugar a una relajación en los códigos de vestuario por parte de las empresas. La gran cantidad y variedad de prendas de vestir que hay en la actualidad en el mercado, han dado lugar a esta apertura en los códigos de vestuario, tanto para ellos como para ellas. Se pueden ver muchos ambientes de trabajo elegantes con una gran variedad de vestuarios distintos. El vestido de sport es cada vez más utilizado en los ambientes laborales, incluso en aquellos muy tradicionales, como por ejemplo, los bancos.

Adiós a los trajes en los negocios. Hola al vestuario de sport.

Mientras la moda y la forma de vestir evolucionan rápidamente, surge la duda de si los hombres de negocios aun son muy rígidos en su vestuario. La pregunta fundamental es: ¿ Se vive aún bajo el síndrome de la corbata ?. En muchas grandes empresas, despachos de abogados y otros negocios tradicionales el vestuario sigue siendo el mismo que el de hace muchos años. Pero no en todas las empresas ocurre lo mismo.

Hay personas que han estudiado el tema y lo han llamado el síndrome del abrigo y la corbata. Vestuario habitual de los ejecutivos.

Incluso en los años 60 con todo el revuelo del movimiento hippie la moda dentro del ámbito de los negocios no cambió. No afectó un cambio tan popular en la vida diaria de millones de personas al tipo de vestuario de los hombres de negocio. Durante los años sesenta la moda sufrió una gran revolución pero no afectó al vestuario laboral de los ejecutivos ni de muchos otros sectores.

Como en todos los ámbitos, los códigos de vestuario fueron desafiados por los más osados como muestra del descontento de estas personas respecto al recorte de libertades personales en cuanto a la elección del vestuario. Pero esa "rebelión" se ha dado en muchas épocas.

La mayor parte de las personas que pleiteaban y acudían a los tribunales perdían. Ni la ley estaba de su parte en sus reivindicaciones. Los jueces seguían dando la razón a los jefes que imponían códigos de vestir a sus empleados.

Las políticas de vestuario de una empresa son obligatorias en su cumplimiento pues se imponen por razones efectivas y de productividad y no por puro capricho de sus jefes. Hay que verlo como cualquier otra norma de la empresa (por ejemplo, como cumplir unos horarios).

La política de vestuario suele ser distinta para los hombres que para las mujeres. Pero viene condicionado por la menor rigidez del vestuario de éstas en todos los órdenes sociales.

El ambiente laboral, como ámbito privado que es, puede ser regulado, en cierta medida, por el propietario de ese negocio, siempre respetando los derechos de las personas. Esta imposición del código de vestuario no tiene porque ser una intromisión en la libertad de los empleados. Sino una base regulatoria de su actividad dentro de la empresa.

La sociedad evoluciona y como decimos, la moda y las costumbres cambian, y sería muy difícil obligar hoy en día a los empleados a vestir de una forma excesivamente rígida. Por ejemplo, obligar a una señora a ponerse una falda larga para no enseñar las piernas.

Ajustándose a las normas.

Los códigos de vestuario no tienen por qué ser una ley rígida o unas normas que hagan que la libertad de los empleados se vea resentida. Pero al vestuario también hay que acompañarle de una higiene adecuada y de otros aspectos exteriores que hacen que las personas (clientes, compañeros, etc.) se hagan una buena idea sobre nosotros y la convivencia sea mucho más llevadera.

El término ocasional o sport, tal y como comentan algunos expertos en moda, no quiere decir lo mismo en nuestro ámbito laboral que nuestro ámbito social. En el ámbito social ir de sport puede llegar a ser un término en el que se de cabida a unas bermudas y una camisa hawaiana. Pero en el medio laboral el término casual o sport, solo significa una relajación de la rígida corbata o chaqueta pero sin llegar a más. La relajación de las normas en el vestuario en el ámbito laboral es relativamente pequeña.

Aunque una vez que se establecen los términos sobre lo que se considera un vestuario adecuado es muy difícil determinar o ajustar este vestuario a las modas o a las prendas que nos ofrece el mercado. Una chaqueta, una corbata, unos pantalones y unos zapatos, pero que modelo, hechura, tejido ... las opciones son muchas y muy diversas. Ahí es donde se puede jugar un poco con las pautas que nos marcan y nuestro estilo personal. Siempre hay maneras de diferenciarse de los demás, de darle un toque personal a nuestro vestuario sin saltarse las normas.

Las mujeres, al igual que los hombres tienen sus propios códigos de vestuario, pero hay que reconocer que tienen una marcada diferencia, generalmente, entre el vestuario laboral y el vestuario social, cosa que no se da tanto en los hombres (aunque ahora se de mucho más que hace años). Hay una diferencia notable que no se encuentra de esta manera en el vestuario masculino, el cual suele tener pocas diferencias. Un señor puede ir con el mismo vestuario al trabajo que a una cena; pero una mujer es difícil que utilice el mismo vestido o traje para acudir a esos lugares.

Hay un movimiento por el vestuario casual y en contra de los códigos de vestuario que tienen muchos adeptos; pero está claro que no es la solución a los problemas de ambas partes.

Dicen los expertos que este tipo de asociaciones tratan de llegar a la sincronización del país con los "disidentes". Tanto los franceses como los japoneses son bastante formales en su forma de vestir. Y en los negocios son aún más formales vistiendo.

Uno de los mejores consejos es no seguir la moda al pie de la letra. La moda y ciertos diseños no sientan a todo el mundo igual de bien. Si está haciendo negocios con otras personas no es una buena idea presentarse de una forma ridícula a negociar. Partiría de una posición de gran desventaja.

Hablando del vestuario casual.

El vestuario de forma casual (casual wear) es el más aceptado en los pequeños negocios. Por un lado es barato y ofrece mejor imagen a los jóvenes que empiezan a trabajar.

Vestir de forma poco rígida es muy productivo para la empresa por el grado de satisfacción que ello les produce a los empleados. Se sienten más libres y por ellos son más productivos.

Las ventajas de establecer unos códigos de vestuario son obvias. Lo que hace falta es hacérselas comprender a sus empleados. Y saber que no está imponiendo algo caprichoso o ilegal, sino algo razonable e indispensable para el éxito de la empresa.

Hay que reconocer que la gente es más productiva cuando va cómoda a trabajar y por lo tanto cuando no se le imponen normas en cuanto a su vestuario, entre otras. Hay que tener en cuenta que un vestuario "obligatorio" no solo afecta a la libertad personal sino que en muchas ocasiones también tiene repercusiones económicas. Vestir un buen traje o un buen abrigo es mucho más caro que vestir de manera más informal.

Los expertos auguran una convivencia entre ambos estilos de vestir: el tradicional y el clásico de los negocios; entre el casual o libre y el más formal.

Esta convivencia esperan que de sus frutos y que gracias a la combinación y convivencia de estos dos estilos se pueda acabar con la indumentaria poco adecuada de muchos empleados de las empresas.

Muchas empresas que dejan libertad de vestuario a sus empleados tienen verdaderos problemas a la hora de establecer unos códigos o normas de vestuario razonables sin coartar esta libertad personal. Pero esta amplitud de miras en el vestir de sus empleados le puede costar caro en el plano económico a su empresa.

Los códigos de vestuario aunque parecen anticuados aún están muy de actualidad. El problema de su implantación radica en estar de acuerdo con la ley y con la libertad de sus empleados. Pero es muy importante para muchas empresas establecer este código.

 

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