Autor
Manuel Antonio Carreño
Fuente
Manual de Buenas Costumbres y Modales. 1.852
Manual de Buenas Costumbres y Modales. Urbanidad y Buenas Maneras.
1. El templo, como antes hemos dicho, es la casa del Señor y por tanto un lugar de oración y recogimiento, donde debemos aparecer siempre circunspectos y respetuosos, con un continente religioso y grave, y contraídos exclusivamente a los oficios que en él se celebren.
2. Es un error lastimoso, y en que jamás incurren las personas que poseen una educación perfecta, el creer que sea lícito conducirse en el templo con menos circunspección, respeto y compostura que en las casas de los hombres, Y a la verdad, seria una monstruosa contradicción el admitir y practicar el deber de manejarse dignamente en una tertulia y ofrecer al mismo tiempo el ejemplo de una conducta irrespetuosa y ajena del decoro y la decencia, en el lugar sagrado en que reside la Majestad Divina.
3. Desde que nos acercamos al umbral de la puerta, quitémonos el sombrero, y no volvamos a cubrirnos hasta después de haber salido a la calle.
4. Al entrar en el templo cuidemos de no distraer con ningún ruido la atención de los que en él se encuentran, ni molestarlos de ninguna manera; y jamás pretendamos penetrar por lugares que estén ya ocupados, y por los cuales no podamos pasar libremente, por muy devota que sea la intención que llevemos.
5. Guardémonos de llevar con nosotros niños demasiado pequeños, que por su falta de razón pueden perturbar a los demás con el llanto o de cualquiera otra manera; y tengamos presente que llevar a la iglesia un perro es un acto imperdonablemente indigno e irreverente.
6. Dentro del templo no debe saludarse a ninguna persona desde lejos, y cuando ha de hacerse de cerca, tan sólo es licito un ligero movimiento de cabeza, sin detenerse jamás a dar la mano ni mucho menos a conversar.
7. Aunque el templo es por excelencia el lugar de la oración, a ninguno le es lícito rezar tan recio que perturbe a los demás.
8. Abstengámonos de apartar la vista del lugar en que se celebren los Oficios para fijarla en ninguna persona, especialmente de otro sexo.
9. Se falta al respeto debido a las personas que se encuentran en el templo, a más de ofenderse a la Divinidad, omitiendo aquellos actos que, según los ritos de la Iglesia. son propios de cada uno de los Oficios que se celebran. Por esto las personas bien educadas, se abstienen de penetrar en los templos destinados al culto de una religión diversa de la suya, cuando no están dispuestas a someterse a las prácticas que ella establece.
10. No tomemos nunca asiento en la iglesia, sin que por lo menos hayamos hecho una genuflexión hacia el altar mayor.
11. Al pasar por delante de un altar en que esté depositado el Santísimo Sacramento, haremos una genuflexión y al retirarnos del templo, si salimos por la puerta principal, haremos también una genuflexión hacia el altar mayor.
12. En los casos del párrafo anterior, doblaremos precisamente ambas rodillas, si la Majestad estuviere expuesta.
13. También haremos una genuflexión, cuando pasemos por delante de un altar donde se esté celebrando el santo sacrificio de la Misa, si el sacerdote hubiera ya consagrado y aún no hubiese consumido.
14. Al pasar por un lugar donde se encuentren expuestas a la veneración las imágenes del Redentor o de su Santísima Madre, haremos igualmente una genuflexión; y cuando las efigies expuestas fueren de Santos, haremos una inclinación en señal de reverencia.
15. Siempre que haya de pasar por junto a nosotros un sacerdote revestido, que se dirija al altar o venga de él, nos detendremos y le haremos una inclinación de reverencia.
16. Respecto de la situación en que debemos estar durante la misa, observaremos las reglas siguientes:
16.1. Al principiar el celebrante el "introibo ad altarem Dei", nos arrodillaremos, y así permaneceremos hasta el acto del Evangelio, en que nos pondremos de pie.
16.2. Cuando la misa tenga Credo, haremos la misma genuflexión que hace el celebrante al "Incarnatus".
16.3. Terminado el Ofertorio, podremos sentarnos, hasta que el celebrante diga "Sanctus", en que volveremos a ponernos de pie.
16.4. Al inclinarse el celebrante para pronunciar las palabras de la consagración, nos arrodillaremos doblando ambas rodillas y así permaneceremos hasta el fin de la sunción, en que podremos de nuevo sentarnos.
16.5. Después que el celebrante haya rezado las últimas oraciones y se dirija al medio del altar, nos pondremos de pie, y en el acto de la bendición, haremos una inclinación de reverencia.
16.6. En las misas solemnes, podremos además sentarnos cada vez que se siente el celebrante.
16.7. Las señoras permanecerán siempre arrodilladas, fuera de los casos en que, según las reglas precedentes, es permitido sentarse.
17. Siempre que se anuncie el acto de la Elevación en cualquier altar nos arrodillaremos igual. mente, doblando ambas rodillas, hasta que aquél haya terminado enteramente. Y cuando se cante en el coro el "incarnatus", nos arrodillaremos de la misma manera, y no nos pondremos de pie hasta que oigamos las palabras "Et resurrexit", etc.
18. También deberemos arrodillamos:
18.1. Cuando se cante el "Tantum ergo".
18.2. Cuando se cante el versículo "Te ergo quaesumus del Te Deum".
18.3. Cuando se esté dando la comunión.
18.4. Finalmente, cada vez que en la celebración de los Oficios se arrodillen el celebrante, los que le acompañen y los eclesiásticos que canten en el coro.
19. Por regla general, cuando asistimos a Oficios funerarios o a cualquiera otra función en que nos situemos al lado de un asiento, conservaremos siempre la misma actitud que tomen los eclesiásticos que canten en el coro. Sería un acto no menos descortés que irreverente, el mantenernos de pie o sentados, cuando aquéllos permanecen arrodillados o de pie.
20. Cuando estemos de pie mantengamos el cuerpo recto, sin descansarlo nunca de un lado; y cuando estemos sentados, guardémonos de recostar la cabeza sobre el espaldar del asiento, de extender, y cruzar las piernas, y de tomar, en fin ninguna posición que de alguna manera desdiga de la severa circunspección que debe presidir siempre en el templo a todas nuestras acciones.
21. Cuando lleguemos a un país extranjero, y queramos visitar un templo, no lo hagamos a horas en que se celebre en él una festividad, o un acto cualquiera para el cual se hayan congregado muchas personas.
22. Es un acto extraordinariamente descortés, e indigno de un hombre de buenos principios, el mezclarse entre las señoras al salir del templo, hasta el punto de estar en contacto con sus vestidos.
23. Los jóvenes de fina educación no se encuentran jamás en esas filas de hombres que, en las puertas de las iglesias, suelen formar una calle angosta por donde fuerzan a salir a la. señoras para mirarlas de cerca.
Alta el
22/04/2007
Modificado el
05/09/2010
Contenido ID
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