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Los ojos y la mirada. Miradas que hablan. Sinceridad

  • La persona que quiere hacer profesión de humildad y modestia y tener un exterior formal y sereno, tiene que conseguir que sus ojos sean dulces, pacíficos y comedidos
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Autor y Fuente
  • Autor

    Juan Bautista de la Salle

  • Fuente

    Reglas de cortesía y urbanidad cristiana

 

Nota
  • 1468

    Artículos HistóricosAviso: Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia, para conocer la historia y evolución de la sociedad y sus normas. Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte estas ideas u opiniones, que se publican, únicamente, a título informativo.

Una mirada
Foto  luxstorm  Mirada

¡Cuánto dice una mirada!

   Dice el Sabio que a menudo se conoce por los ojos lo que uno lleva en el fondo del alma, su bondad o su mala disposición (Eclo 19, 29); y si bien no es enteramente seguro, sí suele ser una señal bastante corriente. Por esto, uno de los primeros cuidados que hay que tener en cuanto a lo exterior, es el de componer los ojos y regular el modo de mirar.

   La persona que quiere hacer profesión de humildad y modestia y tener un exterior formal y sereno, tiene que conseguir que sus ojos sean dulces, pacíficos y comedidos.

   Aquellos a quienes la naturaleza les ha negado esta ventaja y no gozan, por tanto, de dicho atractivo, deben esforzarse por corregir tal carencia mediante cierta compostura risueña y modesta, cuidando que sus ojos no resulten más desagradables [aún] por su negligencia.

Mirada de ojos limpios y claros
Foto  lightstargod - Pixabay  Mirada preciosos ojos

   Los hay con ojos terribles, que revelan un hombre encolerizado o violento; otros los tienen excesivamente abiertos y miran con osadía: es señal de espíritus insolentes, que no respetan a nadie.

   A veces algunos tienen ojos extraviados, que nunca se detienen y miran sin parar a un lado y a otro: es típico de espíritus ligeros. Otros, en alguna ocasión, tienen los ojos tan fijos en un objeto que parece que quieren devorarlo con la mirada; y, no obstante, sucede a menudo que tales individuos no prestan la mínima atención al objeto que tienen delante: de ordinario son personas que están pensando intensamente en algún negocio que les interesa mucho más; o bien divagan sin detener su mente en cosa concreta.

   Hay otros que miran al suelo fijamente, y a veces incluso alternativamente, a los lados como quien busca algo que acaba de perder: son espíritus inquietos y desconcertados, que no saben qué hacer para salir de su desazón.

   Estas diversas maneras de fijar los ojos y de mirar son enteramente opuestas a la cortesía y a la distinción, y no se las puede corregir sino manteniendo el cuerpo y la cabeza derechos, con los ojos modestamente bajos, y procurando conservar un exterior natural y simpático.

Mirada isincera
  Los ojos y la mirada. Miradas que hablan. Sinceridad.

   Si es impropio llevar la vista muy elevada, también lo es, para los que viven en el mundo, llevarla muy baja: eso tiene más pinta de religioso que de seglar. Si bien los eclesiásticos y los que pretenden serlo deben dejarse ver con mirada modesta y exterior muy circunspecto, ya que conviene a los consagrados, y a los que desean entrar en este estado, acostumbrarse a la mortificación de los sentidos y mostrar por su modestia que, estando consagrados a Dios o deseando serlo, tienen el espíritu ocupado en él y en lo que le concierne.

   Se puede adoptar respecto a los ojos la norma de tenerlos medianamente abiertos, a la altura del cuerpo, de modo que se pueda percibir distinta y fácilmente a todas las personas con las que se está. No se debe fijar la vista sobre nadie, particularmente sobre las personas de sexo diferente o que sean superiores; y, al mirar a una persona, deberá ser de modo natural, dulce y honesto, tal que la mirada no delate ninguna pasión ni afecto desordenado.

   Es muy descortés mirar de través, ya que es signo de desprecio, cosa que no puede permitirse salvo, a lo más, a los amos respecto de sus criados, al reprenderles de alguna falta grave en la que hubieren caído. Produce mala impresión mover continuamente los ojos, guiñarlos una y otra vez, todo lo cual es índice de poco juicio.

   No es menos contrario a la urbanidad que a la misericordia, el mirar con curiosidad y ligereza todo lo que se ofrece y debe procurarse no mirar demasiado lejos y sólo delante de sí, sin volver la cabeza y los ojos de un lado a otro. Pero como el espíritu del hombre le impulsa a verlo y saberlo todo, es muy necesario velar sobre sí mismo para abstenerse de ello, dirigiendo a menudo a Dios estas palabras del Profeta Rey: Dios mío, desvía mis ojos y no permitas que se paren a mirar cosas inútiles.

Mirada limpia e inocente
Foto  PublicDomainPictures - Pixabay  Mirada limpia e inocente

   Es muy descortés mirar por encima del hombro, volviendo la cabeza: hacerlo es despreciar a las personas presentes. Dígase lo mismo de mirar por detrás o por encima de la espalda de otra persona que lee o tiene alguna cosa, para enterarse de lo que lee o tiene.

   Hay defectos, con relación a la vista, que manifiestan tanta vulgaridad o ligereza que, de ordinario, sólo los niños o los escolares pueden caer en ellos. Por chabacanos que sean, nadie extrañe el que figuren aquí, con el fin de que los niños se guarden de ellos y de que se les pueda vigilar para impedir que se entreguen a los mismos.

   Los hay que hacen muecas para parecer horribles, otros remedan a los bizcos o bisojos para provocar la risa. Los hay que levantan los párpados con los dedos; otros miran cerrando un ojo, como los ballesteros cuando apuntan. Todos estos modos de mirar son descorteses e indecorosos. No hay personas razonables ni niños educados, que no consideren estas muecas indignas de un hombre cuerdo.

  • Alta el

    11/10/2003

    Modificado el

    13/03/2017

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Citas Celebres
    • A una mujer no se le pregunta a dónde va, de dónde viene ni la edad que tiene. Anónimo.
Preguntas con Respuesta
    • Estoy invitada a una comida formal para conocer a los padres de mi novio. Llevo una traje de chaqueta y pantalón, con un cuerpo sin mangas debajo. ¿Debo quitarme o no la chaqueta para comer? Llevo un bolso pequeño. ¿Dónde lo dejo? Muchas gracias.

    • Actúe con naturalidad en todo momento, es lo más importante. Si que puede quitarse la chaqueta si la temperatura ambiente lo requiere y luce debajo una prenda adecuada (una blusa o camisa, etc). Y el bolso, seguramente, lo podrá colgar en algún perchero o la propia anfitriona de la casa le dirá dónde puede dejarlo. No se preocupe en exceso por esos pequeños detalles que le pueden restar naturalidad.

       

 

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