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Modo de comportarse al andar por las calles y en los viajes en carroza y a caballo.

  • No es conveniente pararse en las calles, incluso para hablar con alguien, a menos que sea necesario, y aun deberá ser por poco tiempo.
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  • 1569

    Artículos HistóricosAviso: Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia, para conocer la historia y evolución de la sociedad y sus normas. Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte estas ideas u opiniones, que se publican, únicamente, a título informativo.

Se debe prestar atención, cuando se anda por las calles, a no ir demasiado lentamente, ni demasiado aprisa. La lentitud en el andar es señal de pesadez o de negligencia; es, sin embargo, más descortés andar demasiado aprisa, lo cual es mucho más contrario a la modestia.

No es conveniente pararse en las calles, incluso para hablar con alguien, a menos que sea necesario, y aun deberá ser por poco tiempo.

Cuando se va de viaje con una persona a la que se debe respeto, es cortés acomodarse a todo, encontrarlo todo bueno, no molestarse por nada, no hacerse esperar, estar siempre dispuesto a prestar servicio a todos los demás: los hay que en los viajes no tienen nunca una habitación buena, nunca buenas camas, y que, no encontrando nada bueno ni bien hecho, se hacen siempre muy molestos a los demás.

Si sucede en los viajes que esté uno obligado a acostarse en el cuarto de una persona a la cual se debe tener respeto, es educado dejarla desvestirse y acostarse la primera, y a continuación desvestirse aparte, junto a la cama en que debe uno acostarse; luego acostarse suavemente y no hacer ruido alguno durante la noche.

La cortesía pide también, que así como se ha acostado uno el último, se levante el primero; pues no es decente que una persona a la que debemos honrar, nos vea desvestidos, ni tirado ninguno de nuestros vestidos.

Causa muy poca gracia, cuando se ha llegado al lugar en donde se debe alojar, correr a las habitaciones y a las camas para escoger las mejores; sería descortés incluso en una persona que estuviese muy por encima de las otras, acaparar para sí todo lo que hay de bueno y cómodo en un mal alojamiento, sin preocuparse de si los demás tienen la mínima comodidad.

Cuando se sube a una carroza hay que tomar siempre la plaza inferior, si se es de rango inferior a aquellos con los que se entra en ella.

En una carroza hay ordinariamente dos plazas detrás y dos plazas delante; la primera plaza de atrás está a la derecha, la segunda a la izquierda; y caso de que haya tres, la tercera está en medio; si hay dos portezuelas, la primera está a la derecha y la segunda a la izquierda, y las plazas que están del lado del fondo son las principales.

Si se va en carroza con una persona de calidad superior, o a la que se debe honrar, el respeto que se le debe exige dejarla entrar la primera, y entrar uno el último; sin embargo, cuando esta persona ordena subir a la carroza antes que ella, aunque no se deba hacer más que muy forzado a ello, se debe, con todo, ceder, después de haber mostrado con un signo de cortesía que se violenta uno, y luego sentarse en la última plaza, y no tomar otra más elevada que no sea forzado.

Se puede y se debe poner uno en el fondo de la carroza, si la persona de rango con la que se está lo ordena, y ponerse junto a ella si lo desea; pues no está permitido hacerlo sin una orden expresa; tampoco es cortés ponerse en la parte delantera, cara a cara delante de ella; antes debe uno apartarse a su izquierda, de modo, sin embargo, que esté vuelto de su lado, y no cubrirse hasta que ella lo haya indicado.

Cuando se está en la carroza, es muy descortés mirar de frente a quienquiera que sea de los que están allí, apoyarse contra el respaldo y acodarse en cualquier parte que sea: se debe tener el cuerpo derecho y recogido, y los pies lo más juntos posible; no cruzar las piernas y no ponerlas demasiado cerca de las de los demás, a menos que se esté demasiado apretado y que no se pueda hacer de otro modo.

También es grosero y enteramente contrario a la cortesía, escupir dentro de la carroza, y si está uno obligado a hacerlo, deberá ser en el propio pañuelo; si se escupe por una portezuela, lo que no es nada decente, a menos que se esté sentado, se debe entonces poner una mano en la mejilla para cubrirla.

Cuando se baja de la carroza, es cortés salir el primero sin esperar a que se lo digan, afín de dar la mano a la persona importante cuando salga, sea hombre o mujer, para ayudarla a bajar; se debe también salir siempre por la portezuela más próxima; si no hay inconveniente, e incluso si no hay nadie para abrir la portezuela, es a propósito apresurarse a hacerlo. Cuando una persona importante, al descender de su carroza, ordena permanecer en ella para esperarla allí, es cortés bajar al mismo tiempo que ella, tanto por respeto como para ayudarla, y volver a subir luego; se debe bajar también cuando ella quiere volver a subir, y no entrar de nuevo sino después de ella.

Cuando en carroza llega uno a cierto lugar por el que pasa el Santísimo Sacramento, hay que bajar de la carroza y arrodillarse. Si se trata de una procesión, de un entierro o bien del rey, la reina o los príncipes más próximos de la dinastía, o personas de carácter o dignidad eminente, es obligado y respetuoso mandar detener la carroza, hasta que hayan pasado; los hombres deben descubrirse, y las señoras alzar el velo.

No es cortés montar en carroza o a caballo delante de una persona a la que se debe consideración; si no se puede conseguir razonablemente que se retire antes de que se monte, es fino hacer avanzar la carroza o el caballo, hasta que ya no se la vea más, y montar luego.

Cuando se monta a caballo con una persona que se debe honrar, es cortés dejarla montar la primera, ayudarla a montar y tenerle el estribo; se debe también, como a pie, cederle el primer puesto e ir un poco atrás, regulándose según la marcha a la que ella va; si, sin embargo, se estuviese del lado del viento y que se echase polvo sobre esta persona, habría que cambiar el lugar.

Si hay que atravesar un río, un vado o un lodazal, el orden y la razón piden pasar el primero; y si se está detrás y se debe pasar después de la persona a la que se debe respeto, se debe alejar suficientemente de ella, a fin de que el caballo no eche sobre ella ni agua ni barro. Si esta persona galopa, se debe procurar no ir más aprisa que ella, y no querer hacer aparecer las buenas cualidades de su caballo, a menos que esta persona lo mande expresamente.

  • Alta el

    14/10/2003

    Modificado el

    19/12/2009

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    • El besamanos, tanto para las mujeres como para otras personas de distintos cargos eclesiásticos (como el que usted nos indica en su carta), ya no se lleva. Se hace el "ademán" pero no se besa, aunque hay personas que aún lo hacen (sobre todo personas mayores).

       

 

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