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Los viajes.

Lo mismo que no es correcto entablar conversación en la calle con un desconocido, tampoco es normal trabar conversación en el tren con nuestro vecino de asiento.

 

Ediciones de la Sección Femenina, Departamento de Cultura. 1.955
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Convivencia Social. Formación Familiar y Social. Tercer curso.

Los viajes. En el tren.

Lo mismo que no es correcto entablar conversación en la calle con un desconocido, tampoco es normal trabar conversación en el tren con nuestro vecino de asiento. Se nos tacha a los meridionales de excesivo afán comunicativo.

"A buen callar llaman Sancho". "En boca cerrada no entran moscas". Todo ello quiere decir que el silencio es siempre prudente. Sobre todo si una niña o jovencita viaja sola, ha de guardarse muy bien de trabar amistades. Sobre todo amistades masculinas. La seriedad más absoluta es recomendable en estos casos.

Cuando se viaja hay que llevar un atuendo práctico y sencillo. Aunque un viaje tiene siempre algo de aventura y es muy ilusionante, por cuanto podemos descubrir y conocer, no hay que vestirse como una protagonista de novela. Es cierto que todo ser humano se considera siempre un poco protagonista, y una niña o jovencita tiende a considerarse siempre futura heroína.

Sin embargo, cuando se viaja hay que tratar de olvidarse de sí misma y mirar hacia afuera. Aquí la curiosidad es legítima. El asombro excesivo ante las novedades, el papanatismo, es señal de paletería. Pero con respecto a las maravillas de la Naturaleza, ¿no somos siempre unos novatos?. En ese orden la admiración y la curiosidad son siempre legítimas. Y ¿quién es el hombre que se conoce el mundo entero con todos sus monumentos y obras de arte y maravillas de la técnica?. La curiosidad y la admiración, por cuanto es una obra buena de Dios o de los hombres, es una cualidad. La viajera ha de ser curiosa.

Antonio Machado. (1875-1938).

Yo voy soñando caminos.

¡Yo voy soñando caminos
de la tarde!. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿A dónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
-¡La tarde cayendo está!-
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón."

Y todo el campo un momento
se queda mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece,
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
¡quién te pudiera sentir
en el corazón clavada!".

Equipaje.

Este es un problema en los viajes, ya que deseamos llevar todo lo necesario para la comodidad y la elegancia. Pero existe el problema del sitio y del peso, siempre limitado (particularmente en el avión). Así, hemos de llevar lo necesario, y elegir una ropa fácil de lavar, inarrugable en lo posible y adecuada para todas las horas del día. La mujer es muy propensa a llevar paquetes y maletas enormes, que ocupan toda la red para equipaje del departamento. Esto es un abuso y una desconsideración para el resto de los viajeros.

Juan Eugenio Hartzenbusch. (1806-1880).

Los viajes. Fábula.

Un pescador, vecino de Bilbao,
cogió, yo no sé dónde, un bacalao.
(El pez le preguntó con voz llorosa):
-¿Qué vas a hacer conmigo?
El respondió: -Te llevaré a mi esposa;
ella, con pulcritud y ligereza,
te cortará del cuerpo la cabeza;
negociaré después con un amigo,
y si me da por ti maravedises,
irás con él a recorrer países.
-¡Sin cabeza!. Ay de mí! (gritó el pescado);
y replicó discreto el vascongado:
-¿Por esa pequeñez te desazonas?
Pues hoy viajan así muchas personas.

Si comemos en el tren.

Si llevamos nuestra comida, procuremos que sea fácil de manejar, emparedados, fiambres, y todo ello decorosamente envuelto y de forma que no deje residuos en el asiento o el suelo.

Comeremos discretamente. Si hemos llegado a esa amistad meridional, rápida e improvisada (que no se recomienda, aunque se admite si la cosa resulta de forma natural o irremediable), podemos hacer un ademán de ofrecer, pero sin insistir. Existe una antigua cortesía muy popular que consiste en la fórmula siguiente: "¿Usted gusta?", pregunta el que come. "Que aproveche", contesta el espectador. Esta fórmula subsiste en el pueblo, y yo la encuentro muy bonita. Pero ha caído en desuso entre la gente distinguida, tal vez por una razón de reserva y de discreción.

- He reñido a un hostelero.

- ¿Por qué?. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?

- Porque donde cuando como sirven mal, me desespero.

Cuando viaja en coche.

Todo lo dicho referente a equipajes para el tren y el avión se recomienda para el coche, ya que éste admite un peso limitado y tiene escasez de sitio para las maletas. Si nos invitan a viajar en coche, preguntaremos antes: ¿qué tamaño de maleta puedo llevar?. Pues a veces es posible admitir un viajero, pero es imposible situar su equipaje, y es de mala educación abusar de una invitación, haciendo que todos los viajeros del coche vayan incómodos por nuestra culpa.

¿Cuál es la cortesía en el ascensor?

Si oigo unos pasos detrás de mí por el portal, aguardaré y no cerraré en las narices de mi seguidor o seguidora la puerta del ascensor. Antes de dar al botón preguntaré a qué piso se dirige mi compañero o compañera, y cuando salgo del ascensor, si éste no ha de continuar a otro piso, cerraré bien la puerta y lo enviaré a la portería. Siempre hay que pensar en los demás.

En el metro y tranvía.

Repitiendo lo que se aconseja en los cursos anteriores, aconsejamos no empujar, no hablar en voz alta a través de varios asientos. Ceder el asiento a los ancianos y ancianas, a las señoras con niños, a los tullidos o cojos. En el tranvía, en el trolebús, en el autobús, se ha de llevar el portamonedas en la mano para no detener la cola con una búsqueda larga.

En los hoteles.

Si vas a un hotel, no escandalices por el corredor, y si llegas de noche, abre tu puerta con cuidado y no taconees. Si estás en el hall o comedor, habla a media voz, con discreción.

No abuses del servicio llamando al timbre innecesariamente, y no trates, ni en serio ni en broma, de guardarte un cenicero o una toalla. Ambas cosas son de mal gusto y demuestran poca delicadeza, sobre todo lo de la toalla.

Fernando Villalón (1930).

Diligencia de Carmona.

Diligencia de Carmona,
la que por la vega pasas
caminito de Sevilla
con siete mulas castañas;
cruza pronto los palmares,
no hagas alto en las posadas;
mira que tus huellas huellan
siete ladrones de fama.
Diligencia de Carmona,
la de las mulas castañas...

Museos, catedrales, etc.

En esta misma lección se os recomienda ser turistas curiosas. Turistas inteligentes, deseosas de almacenar recuerdos de obras de arte y recuerdos de hermosos paisajes.

También es interesante conocer el carácter, los gustos, la manera de vivir y de ser de cada pueblo. Ello engendra simpatía, familiaridad, tan necesaria entre la comunidad de pueblos de un país y entre todos los países. Pero turistas discretas: no tocar, no desobedecer las consignas de tráfico y las indicaciones de todo orden para visitas de museos, iglesias, teatros, etc. Y si aconsejamos no manchar un vagón de ferrocarril, cuánto menos dejar un papel de caramelo o un residuo cualquiera en un local público.

Federico García Lorca. (1899-1936).

Santiago. (Balada ingenua).

Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo,
lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.
¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.
¡Niños, eh! cantad en el prado
horadando con risas al viento!.
Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros.
Iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.
Dice el hombre que cuenta la historia,
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.
¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.
¡Niños, chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!.
Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad!, ¿qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?.
- Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?.
- Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?.
- Ya lo veo.
Madre abuela, ¿dónde está Santiago?
- Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.
Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.
¡Niños, chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

 

 

Nota

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