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Las autoridades, ¿cómo se ordenan?

El presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, Gerardo Correas, da su punto de vista sobre el plante de Artur Mas a Soraya Sáenz de Santamaría.

 

Soraya Sánez de Santamaría.
Soraya Sánez. Soraya Sánez de Santamaría.

Las autoridades, ¿cómo se ordenan?

El jueves a media tarde las redes sociales empezaron a hervir con el hashtag #protocolo anunciando la ausencia del presidente de la Generalitat en el acto de entrega de premios organizado por Foment del Treball Nacional, dejando sola a Soraya Sáenz de Santamaría, acompañada del presidente de los empresarios y del propio presidente del Consell.

Poco más tarde ya se hacían eco de la noticia los distintos medios de comunicacion y el viernes por la mañana ya aparecía con detalles en toda la prensa escrita del país. Infinidad de opiniones distintas para todos los gustos con distintos puntos de vista dando la razón a unos o a otros, pero todas coincidían en algo: era una cuestión de protocolo. Salieron a relucir las legislaciones y costumbres que amparaban la postura del uno y de la otra. En fin... vaya lío que se ha armado.

Considero conveniente antes de exponer mi opinión al respecto concretar una serie de puntos que son de interés para analizar esta cuestión. ¿Cómo se ordenan las autoridades? Cuando concurren dos autoridades a un evento, la pregunta es «a quién pongo antes y a quién pongo después». Existe un real decreto que establece el orden de las autoridades cuando acuden a un acto y establece varias cuestiones de interés:

1. La ordenación. En los actos celebrados en las Comunidades autónomas en el puesto 10 se sitúa al presidente de la Comunidad, en el 11 a los vicepresidentes del Gobierno y en el 12 a los ministros, según su orden.

2. Quién preside. En su articulo 4 el real decreto establece quién preside los actos. No es otro que la autoridad que los organiza, aunque puede ceder su sitio desplazándose a algún puesto posterior.

3. Representación. Solamente se podrá ostentar la representacion del Rey y del presidente del Gobierno, y esta ha de ser expresa.

4. Aplicación. Todo lo anterior será de aplicación para los actos oficiales, que serán aquellos que organicen las instituciones públicas.

5. Presidencia en funciones. El artículo 13 de la Ley 50/97, por una revisión posterior de octubre de 2003, regula la suplencia en la Presidencia del Gobierno en caso de vacante, ausencia o enfermedad del presidente, y establece que las funciones serán asumidas por el vicepresidente primero.

Con todos estos ingredientes metidos en una coctelera y organizados de manera adecuada, podemos establecer lo siguiente: 1. El acto en cuestión se trata de un acto no oficial, pues no está organizado por ninguna institución del Estado, sino por una organización privada. Es decir, acuda quien acuda, le afecta la misma legislación que la que afectaría a la organización de un cumpleaños en casa. O sea, ninguna.

2. Al igual que en el cumpleaños la presidencia del acto le corresponde al anfitrión, al que invita, al que paga, y evidentemente éste puede ceder su puesto a quien considere conveniente, pero le corresponde a él. O sea, ni a la vicepresidenta del Gobierno ni al presidente de la Generalitat, sino al presidente de la entidad.

3. El anfitrión, lógicamente, decide cómo, qué, cuándo y dónde se celebra el acto, estableciendo por tanto las ubicaciones y el orden de intervenciones, así como todas las circunstancias del mismo que considere oportunas. Y todo ello, venga quien venga y asista quien asista.

Visto lo anterior, vamos a ver qué conclusiones sacamos de la "espantada" del presidente Mas, para unos, y de la falta de cortesía, para otros, de la vicepresidente del Gobierno:

1. Ninguno de los dos ha cometido ningún fallo de protocolo, sino que han utilizado a éste como una excusa. Esto no me gusta, el protocolo es algo flexible que ayuda a mejorar las relaciones, que permite conciliar posturas encontradas mediante un procedimiento a realizar y todo ello para transmitir el mensaje que el anfitrion considere oportuno.

2. Cada uno de ellos ha utilizado el protocolo como una disculpa para justificar la estrategia política de una decisión que trasciende del acto al que concurrían. No es una cuestión de protocolo. El problema protocolario no es otra cosa que una burda disculpa para reforzar una estrategia política.

¿Qué fallos de protocolo han cometido las dos autoridades? Para mí, sin duda, no se han portado bien como invitados. Han logrado con sus disputas que el que los ha invitado, se haya borrado del mapa. Ha organizado y convocado amigos, prescriptores, clientes, autoridades..., dispuesto unos medios, dado una publicidad, y todo ello para conseguir algo: su objetivo. Pero sus invitados principales se lo han sustraido para conseguir una rentabilidad política. Esto es lo único que no se ha conseguido en este evento: el objetivo.

¿Qué otros fallos de protocolo nos encontramos? Con toda la humidad debo decir que el fallo protocolario lo encuentro bastantes días antes del evento, en la planificación del mismo. Pensando en que posiblemente en este momento invitar a los dos políticos puede ser o no la mejor idea para que refuerce mi evento, que para eso lo hago.

Si estudiada la cuestión, el organizador decide invitar a los dos, hay una ley de oro: las crisis antes y en privado. Es decir, la negociación de quién ocupa la presidencia, el orden de intervenciones, etcétera, insisto con toda humildad, se debe realizar previamente, no en directo.

 

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